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Ciudad de México Año VII Número LXXIX Mayo 2019

 

Editorial Mayo 2019

Estamos nuevamente en mayo, y en todos estos años de publicación de nuestra revista nos hemos negado rotundamente a celebrar el Día de la Madre, y no por odio u omisión a esas mujeres que no sólo nos dieron la vida, sino que habrían dado la vida por nosotros (de eso mi historia familiar sabe mucho), sino por lo muy manoseado que ha sido el día: desde los inefables festivales escolares con hartos poemas amelcochados, hasta la mercadotecnia que adopta a la perfección el día para obtener las mejores ganancias (¡Que poca madre!), porque saben que a la madre se le adora, se le venera y es por supuesto intocable. Y no sólo vamos en contra de la mucha ventaja comercial que se saca de este día, sino por el ordinario concepto que se maneja y por la doble moral misógina que lo envuelve (tanto de hombres como mujeres). No podemos dejar de ver ese falso respeto cuando la mayor ofensa que nos pueden proferir es cuando nos recuerdan que casi todos los días “chingamos a nuestra madre”, es decir, lo podemos hacer pero si nos lo recuerdan “les partimos su madre”.

En esta época en que se la pasan “a toda madre” una infinidad de mujeres con hijos, viendo su celular sin preocuparse si el niño ya comió o necesita cambio de pañal, queda poco adecuada la otrora imagen de la madre abnegada. ¿Qué poemas le dedicarán esos hijos carentes del cariño materno a sus madres en su día? Pues los mismos que dijimos en los festivales escolares los que hace muchos años dejamos de ser niños, porque la imagen “inmaculada” de una madre nunca va a variar aunque los tiempos cambien. No conviene alterar y adecuar el concepto a los tiempos actuales porque dejaría de ser un día tan rentable. Esos niños de los que hoy se enorgullecen las madres porque desde muy pequeños ya saben utilizar la tecnología, cuando estén en edad, celebrarán a su madre en su día (por supuesto gastando dinero) aunque en el fondo siempre reprocharán el abandono en que crecieron, aunque quieran más al celular que a la mamá. Por eso nosotros estamos “hasta la madre” de esta falsa celebración.

Pero lo mejor es que “nos venga valiendo madre” todo esto que rodea a este día y nos dediquemos a lo que disfrutamos y nos caracteriza: la cultura, cuyo ámbito es tan amplio que un antiguo colaborador corrió despavorido cuando supo que no sería una candorosa revista poética sino una crítica y plural revista cultural. Y en mayo hay dos personajes históricos tan trascendentes como polémicos que no podemos dejar pasar en sus aniversarios de muerte y natalicio respectivamente: Leonardo DaVinci y Nicolás Maquiavelo, sin duda una edición muy renacentista, pero que no se olvida de la modernidad de nuestros colaboradores.

Son ya setenta y nueve las ediciones de esta revista, por lo que no podemos dejar de venerar a nuestra casi octogenaria Lamia que se mantiene tan fresca como cuando todo esto comenzó (si no, no sería una lamia). Y ésta, nuestra madre putativa, no nos ha permitido perder el tiempo viendo por horas un celular, y nos ha puesto a leer y releer para tener fresco el conocimiento que permita una genuina revista cultural (ese era el verdadero temor de aquel perezoso poeta de quien he dado cuenta). Esa por supuesto es la intención planteada desde inicio y esperamos no defraudar en ningún momento el objetivo trazado desde origen. El tiempo se nos ha venido “como madre”, y aún sin terminar una edición ya se viene la siguiente, y aunque nos han comido los tiempos seguimos, desde diversas latitudes, haciendo una revista que nos llena de orgullo, aunque comparado con otros proyectos culturales más longevos setenta y nueve meses “sea una madre”. Y nosotros seguiremos disfrutando “un madral” cada edición que hacemos.
Y por supuesto, ¡que “chingue a su madre” el diez de mayo!

José Luis Barrera

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