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Ciudad de México Año VII Número LXXX Junio 2019

 

A 75 años del Día D
Loki Petersen

El Día D, el día más largo del siglo, el día decisivo o de la decisión para lograr el aniquilamiento definitivo del Tercer Reich de Hitler, tuvo que llegar. Y ese día fue el 6 de junio de 1944, hace 75 años ya, cuando por fin se concretó el desembarco de las tropas angloamericanas en las playas de Normandía. Una operación militar que en otra situación hubiera sido muy arriesgada, con alto número de pérdidas humanas y materiales. De hecho los altos mandos británico y estadounidense manejaron un panorama así, como si se enfrentasen a un enemigo casi invencible. No fue así. Alemania ya no estaba en posibilidades reales de hacerle frente a una invasión de tal magnitud, y por eso el Día D no fue tan complicado como se creyó que podía ser. Pero desglosemos esto un poco más.

En mayo de 1940 la nación francesa fue, como en 1871, derrotada por el ejército alemán. Pero esta vez el territorio tenía que ser ocupado (no todo, pues el sur de Francia fue dejado en manos del mariscal Petain, lo que fue llamado la República de Vichy), en especial la zona costera del Canal de la Mancha, pues Hitler tenía la intención de invadir a continuación las islas británicas, para lo cual necesitaba los puertos franceses de Bretaña y Normandía.

Ahí los alemanes acumularon tropas y material para la Operación León Marino, nombre clave de la invasión a Gran Bretaña. Sin embargo todo quedó en suspenso, hasta que no terminase con éxito la serie de bombardeos aéreos contra las instalaciones militares, industriales y portuarias inglesas. Hitler nunca se decidió a dar la orden para el cruce del Canal, que consideraba de gran riesgo. La guerra aérea contra Inglaterra no tuvo la contundencia esperada, y León Marino fue cancelado. Y es que Hitler ya no tenía interés en doblegar a los ingleses como lo había hecho con los franceses, sino que puso sus ojos en un nuevo enemigo, ni más ni menos que la Unión Soviética.

En vez de León Marino hubo Operación Barbarroja, y en junio de 1941 Alemania atacó por sorpresa a la URSS, dándole así a Inglaterra el gran respiro que necesitaba para combatir a las fuerzas alemanas e italianas que al mando de Rommel avanzaban en África del Norte hacia Egipto, un bastión británico. Es indudable que fue un error estratégico de Hitler el de involucrarse contra otro enemigo, los rusos, cuando aún no había terminado con los ingleses. Al parecer él tenía debilidad por éstos, a quienes consideraba tan arios como los alemanes, y llegó a soñar con una alianza entre Inglaterra y Alemania para la repartición del mundo. Pero los británicos no le correspondían igual, de tal manera que cuando las bombas alemanas cayeron por un error de cálculo en el centro habitado de Londres, la Royal Air Force atacó como revancha el centro habitado de Berlín. En los años que vinieron los ingleses se dedicaron a bombardear intensamente las ciudades alemanas para aterrorizar a la población civil. Hitler debió acabar primero con Inglaterra, pero la dejó vivir, y se dirigió hacia la URSS, que fue donde se decidió la Segunda Guerra Mundial.

Parecía que los rusos no eran tan fuertes, y una serie de primeras e impactantes victorias alemanas convencieron al Führer de eso. Por eso no atacó a Moscú cuando aún era tiempo, y prefirió apoderarse de Ucrania. Cuando por fin se lanzó contra la capital soviética, llegó el invierno y el ataque alemán se detuvo, a fines de 1941. Y fue en estos difíciles días que Hitler cometió otro error, al declararle la guerra a los Estados Unidos, lo cual llevó directamente al Día D, como veremos. Para 1942, en vez de intentar de nuevo atacar sobre Moscú, los alemanes se dispersaron hacia el Volga y el Cáucaso; al principio hubo avances exitosos, pero cuando se llegó a Stalingrado a fines de ese año, el avance se detuvo, los alemanes fueron cercados y sufrieron una derrota tal que decidió la guerra. Esta lucha contra la URSS acabó con la fuerza militar alemana, por el alto número de bajas y el grave desgaste de tanques y aviones que sufrió. Esta fue la razón por la que el Día D no fue tan complicado para los Aliados.

Como el mayor esfuerzo alemán estaba empeñado en Rusia, el Afrika Korps de Rommel fue recibiendo menos tropas y pertrechos, de tal manera que no le fue posible cumplir su meta de llegar a Alejandría, y se vio detenido en El Alamein, a mediados de 1942. Los ingleses, comandados por el mariscal Montgomery, procedieron a empujar a italianos y alemanes de regreso a Cirenaica. Además entró en acción el nuevo enemigo: a fines de 1942 las tropas estadounidenses desembarcaron en Marruecos y Argelia, así que Rommel se vio atrapado por dos lados. Resistió lo mejor que pudo, e incluso les propinó una seria derrota a los americanos en Kasserine, pero en mayo de 1943 se rindió en Túnez el legendario Afrika Korps, sin Rommel al mando, pues estaba en Alemania por enfermedad.

Los Aliados se lanzaron cuanto antes a la invasión de Italia, y pronto ésta pidió el armisticio, Mussolini fue arrestado (luego lo rescataron los alemanes), y el rey le declaró la guerra a su antiguo aliado. No fue fácil el avance aliado, pues el ejército alemán aprovechó bien las cadenas montañosas para impedir la pronta llegada a Roma de los americanos. Éstos llegaron aquí el 4 de junio de 1944, en un momento en que el frente italiano ya no era de importancia para los Aliados, que ya desde tiempo atrás preparaban una invasión a través de Normandía, para a través de Francia llegar a territorio alemán. Hubo un intento de desembarco en 1942, en Dieppe, que fue un fracaso, pero sirvió para que los Aliados tomasen experiencia. La operación invasora fue llamada “Overlord”, y a cargo de ella estuvo el general Dwight D. Eisenhower (futuro presidente de los Estados Unidos).

Se trataba de un León Marino pero al revés: gran cantidad de tropas y material de los Estados Unidos se concentró en la Gran Bretaña, en lo que sería la más grande operación de desembarco de la historia. Del lado alemán, Hitler nombró a Rommel, ya recuperado, comandante del llamado Muro del Atlántico para detener al enemigo. Pero el mariscal sabía que los alemanes no contaban con las fuerzas suficientes para enfrentar a Overlord, y su idea fue que se tenía que impedir que desembarcasen los Aliados, esto es, derrotarlos en las playas, cuando aún estuvieran vulnerables. Esa sería la única oportunidad. El problema era dónde sería el desembarco aliado, y a Hitler le pareció que no sería Normandía sino Calais, de modo que aquí se concentró la mayor fuerza posible.

La supremacía aérea y el poderío de la artillería naval de los Aliados haría difícil el que los alemanes rechazasen el ataque con eficiencia. Rommel no contaba con la cantidad necesaria de aviones y cañones; así que con pocos tanques y con ametralladoras pesadas, las tropas que estaban en las playas se vieron abrumadas cuando llegó el 6 de junio de 1944, el Día D, que se efectuó en Normandía, para sorpresa del Alto Mando alemán. Lo mejor que tenían los alemanes estaba en Calais, de acuerdo a la instrucción de Hitler, y cuando se supo del desembarco, cuanto había ahí tuvo que ser enviado a Normandía; pero la aviación angloamericana impidió el traslado, así que no se llegó a tiempo.

Las zonas aliadas de desembarco fueron marcadas por Eisenhower como Utah. Gold, Juno, Sword y Omaha. Mientras que en las tres primeras todo transcurrió como estaba planeado, en Omaha Beach los estadounidenses se vieron en dificultades para doblegar a los alemanes, porque éstos, desesperados por el escaso apoyo que recibieron, lucharon con furia. Sin embargo, el peso aliado era demasiado, y en pocos días las playas estaban tomadas, y pronto tanques y cañones pudieron ser desembarcados. Como bien señaló Rommel, la única oportunidad alemana de rechazar el ataque estaba en las playas; pero si éstas eran conquistadas, nada podía impedir ya el que los Aliados avanzaran sobre Francia y llegasen a París. El Día D fue todo un éxito aliado, pero si Alemania hubiese tenido la fuerza operativa de unos años antes, los angloamericanos no lo hubieran logrado.

Y es que en ese mismo 6 de junio de 1944 ocurrió algo de peores consecuencias, aunque no tuviese la cobertura mediática del Día D: los rusos se lanzaron al asalto total de Bielorrusia y Ucrania, para recuperar éstas y echar fuera a los alemanes del territorio soviético. Fue un ataque realizado con pleno ímpetu, sin las precauciones que solían tomar los Aliados, quienes no avanzaban a menos que los aviones los protegieran. Los rusos atacaban de manera masiva, sin importarles las bajas. En la liberación de Bielorrusia el Grupo de Ejércitos Centro alemán quedó desbaratado, y los soviéticos tomaron gran cantidad de prisioneros, muchos de los cuales fueron obligados a caminar hambrientos y sucios por las calles de Moscú, como muestra al mundo de que el enemigo alemán estaba terminado, ahí en Rusia, no en Normandía.

El resultado de esa implacable ofensiva fue que se hizo un enorme agujero, a través del cual los rusos podían llegar directamente hacia Polonia y la misma Alemania. Mientras tanto, en Normandía, Rommel hizo lo que pudo, pero no le fue posible echar al mar a los Aliados, de modo que éstos se asentaron e iniciaron el avance, los británicos hacia Caen, y los estadounidenses hacia Cherburgo y la Bretaña. Aquí se encontraban las bases alemanas de submarinos que en años precedentes tanto daño habían hecho a la navegación inglesa y americana a lo largo del Océano Atlántico. Los alemanes resistieron en todos lados, a lo largo de junio y julio, pero poco pudieron hacer dado el poder aéreo aliado, que bombardeaba sin dar respiro. Rommel ordenó la retirada hacia el río Sena, lo cual indicaba que ya nada podía impedir que los Aliados llegasen en agosto a París.

En la historia militar, el Día D es un brillante ejemplo de organización y estrategia por parte de ingleses y estadounidenses; pero cabe siempre señalar que el enemigo alemán al que se enfrentaron ya no tenía capacidad para defender el sitio de la invasión, porque sus mejores esfuerzos habían sido para siempre enterrados en las estepas y los hielos de Rusia. Eisenhower contaba pues con la fuerza completa para avanzar sobre Francia y a fines de 1944 llegar a las puertas de Alemania. Ya nada podía salvar a ésta de la derrota total.

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