Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VII Número LXXX Junio 2019

 

¡Ay! de estos días terribles
(Robándole una frase a Silvio...)

Mario Bravo

¡Ay! de estos días terribles en que la sangre de los que fueron y no están, brota a cántaros al abrir las llaves del lavabo, de la regadera, al abrir incluso las llaves del lagrimal de tus ojos tristes.

¡Ay! de estos días terribles, mi amor, en que es necesario cuidarse de los beatos novísimos y de sus protegidos.

¡Ay! de estos días terribles que clavan sus dientes en mi yugular, deseosos de convertirme en un vampiro que gustoso asista al festín de sangre y daños colaterales.

¡Ay! de estos días terribles y grises, en los cuales hay que celebrar día a día al no hallar nuestro nombre en los avisos luctuosos.

Tristes y tristes días en que la lluvia no alcanza para limpiar las calles rojas-amarillas, no como en Macondo, sino rojas de la sangre de él y ella, de los malos de la historia y los malos que se disfrazan de buenos pero que resultan igual de sangrientos que a quienes dicen combatir, de la sangre sobre todo de los inocentes, de quien "iba pasando", de quien no sintió confianza para detenerse en un retén, de quien en mala hora no dobló a la izquierda sino a la derecha y encontró a la muerte, de quien esperaba a un amor, a un amigo, al hijo que no tardaría mucho para salir de la escuela, de quien pensaba en pagar la cuenta del teléfono o de quien al escuchar las noticias por la mañana pensó:
"Qué bueno que hoy no fui a ese lugar...", la sangre de todos, de ellos, de nosotros, del migrante con sueños americanos y pesadillas mexicanas, sangre que no servirá para firmar un pacto de amigos o dibujar en la cueva nuestras aventuras cuando cazamos al mamut, sino sangre que, seca en el piso, nos dice que alguien ahí alguna vez fue.

¡Ay! de estos días terribles, que serán estudiados en diez, quince o veinte años en la academia, en conferencias y mesas redondas, en congresos y seminarios, desde donde dirán: "¿Cómo pudieron vivir al ver morir tanto y tanto?" ¡Ay! de estos días terribles en que "la muerte tiene permiso" de entrar y salir, de sentarse a la mesa, jugar con mil niños y ser primera plana en los periódicos desde hace varios años.

¡Ay! de estos días terribles en que él no escucha los gritos de dolor y rabia, sino que embelesado se encuentra con el ruido de los gatillos y cañones, con el sonido de la muerte y la guerra.

¡Ay! de estos días terribles en que la pantalla del televisor muestra a la realeza de sangre azul, y omite a quienes con sangre roja, común y corriente, mueren de amor, de odio, de besos no dados y de heridas abiertas, de rencores y guerras no pedidas, pero sí padecidas.

¡Ay! de estos días terribles que asoman la esperanza de terminar cuando te veo a mi lado, en la calle, habiendo despertado bien temprano, con el bostezo todavía en los labios y los sueños colgando de la sien. Días terribles que motivan nuestro puño en alto, días tristes y grises que duelen menos con tu sonrisa, mientras caminamos junto a miles hacia el zócalo, mi amor.

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