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Ciudad de México Año VII Número LXXX Junio 2019

 

Elegías Goparianas (1)
Luciano Pérez

(En los últimos años del siglo veinte renuncié al verso y me dediqué con esmero al poema en prosa. Los textos presentes son una muestra de aquellos años, más o menos de 1998. LP)

1.- A la reina pie de pato
El Cantar de los Cantares, su más grande himno. La reina oca publica cuentos cuyo imprimatur dice: “Humpty – Dumpty”.

Y ya sabemos que éste se cayó del muro maravilloso, así que los trovadores traen a la reina pasteles llenos de aves negras pero hermosas. Desde Saba llegaron las riquezas al templo, pero todo se fue a Roma y no al Amor. Sin embargo, la reina pie de pato sostiene el juego de la oca demente, esa rueda de la fortuna donde quien evade al diablo pierde.


2.- Aparición
La Virgen baja de lo alto, y pide a todos los niños que toquen timbres, que no se olviden de solicitar dulces, ya que el Halloween está muy cerca.

Los niños no se asombran, quieren más milagros, exigen siquiera un anuncio de la destrucción. Mas la Virgen es un foco encendido, un sinnúmero de watts que alumbran los áticos donde se ocultan los videntes. Y los niños, profetas naturales, juegan a que Dios no ha nacido, a que no nacerá nunca, y la Virgen los mira con satisfacción.


3.- Muerte en el Etna
Una balada se lee, se canta, a partir de los jeroglíficos que le dan forma y realce. La guerra del Peloponeso. Un dios es un rey que se ha hecho maldito.

A un lado del Etna pasó la división Hermann Göring. ¿La métrica es un pretexto para no decir nada? El mar siciliano, el mar napolitano, la botella de vino repleta de peces borrachos y ensimismados. Las rosas monstruosas y su cartílago azul. Perentorio el drama de Barbarroja. A un paso del halcón maltés y el amor a la mentirosa, a Mary Astor. Los versificadores mueren, y de sus miserias brota el fénix del huevo, esa ceniza que algunos llaman alma.


4.- Lamentación de Long Play por Hadri
En el Charleston hay esencias polifónicas que deletrean la santa prosodia del amor. No existen motivos para el olvido si siempre abundan sombreros de mujer en el ático. En su ático. Y el disco es lo último que queremos compartir, si hay música y hay letras que vayan más allá del Mersey Beat. Los ocios se recatan ante la minucia que adivina soles. Los soles en sus párpados, ávidos de antídotos y de 33 revoluciones por minuto. Y si Mau llega del Nilo a través de los arco iris de sus pestañas, es que advertimos profundidades no conocidas por la redención. Sílabas del hada cazadora, petrificaciones de las damas durante la conversación sibilina. Acaso porque conocemos el Fox-trot perdido entre las radas descompuestas, como festín de bulbos ahogado en el holograma, en la transfiguración de la baraja de oros.


5.- Hemistiquios de la Rosenkranz verde
De un lado la luna y su blasón de saxofones. Del otro el iris con el arco que deja heridas en el feto. La verde gola de la gendarmería resplandece con la pátina lúdica del Sabbath. Las coristas primitivas reúnen sus armas al pie de la Rosenkranz. Amazonas y querubines en el amasiato tenaz de caracteres babilonios. La corona tiene una cruz que divide las emociones del hemistiquio. El rapto de las sibilas del Helesponto supera todo cuanto de teresiano hay en el Nirvana. Una raya en el corazón cuadriculado.


6.- All things must pass away
No se sabe si por causa de las soledades todas las cosas deben morir. Y no porque la gestual interferencia del habla se doblegue ante la devoción encantada. Que si el equinoccio coincide con el mármol y la ballesta, es sólo por aliteración del alma en los monólogos. Que si en su austro Sor Juana teje prismas de pesadilla, también Urganda suma fósiles estrellas al magisterio. Porque a veces hay ocres en los polígonos funcionales, y no faltan ocasiones para el bienestar hidráulico de las iglesias parlantes. La lujuria de Falsirena llena de dolores al panegírico. El naufragio de toda Vejecia conduce a la reina a otras urbes: Mexicópolis entre ellas, la más ovárica, la más necesitada de muertes.


7.- Metros antiguos
La locura de Apolo es peor que el vino del miope Baco. Tocados ante Burdeos, ante Balderas, los convoyes parten hacia la estación de Nepantla, donde se bajó Góngora y las figuras volaron, impredecibles. ¿Quién mejor que la gárgola para la desintegración del metro? Cohetes y espantajos, en la ceremonia. Si entre los mexicas naufragó Hiperión, el símbolo del sol se apretuja en la moneda, y ahí la pirámide estalla como lava nacida de los guantes negros de una bruja. Que Medea mida la mirra de las ménades. La corona de Carlota, y el hotel de paso, y la manufactura de los versos más veraces desde la muerte. Como Henry Adams, queremos ver en la Virgen una suerte de anarquismo.

8.- Monjas en abundancia
Beowulf ha llegado a Friar Park, y los enanos a su alrededor enarbolan todas las guitarras posibles. Y las monjas aportan las canciones, abundantes como el azufre que impregna el amor de los felinos.

Cada prosa es un encomio diferente. Cada cruz es una rosa que parte en dos al anatema. Atribuciones del convento, para Ofelia en especial, y para Jean Agnes, y las dos Teresas.

Para Santa Hildegard en la nieve con Pocahontas al fondo. Los maravedís valen si son las monjas quienes han de disponer del amor. See Emily Play, la musa estelar impone su mortaja desde el encierro de Amherst, donde se teje lo insólito, una vez más.

Elegías goparianas, ahora y siempre. Pico de cera y soledades, un neogongorismo marca diablo que ojalá impere en Mexicópolis cuanto antes. Si monjas abundan, todo está revuelto, y preparan ellas con florilegios la circuncisión de Adonis, prometida primavera que las hace temblar.

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