Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VII Número LXXX Junio 2019

 

Feminismo R.I.P.
Stregheria Leland

Apenas comenzaba el mes de abril, cuando nos enteramos de una noticia terrible: Armando Vega Gil; escritor, compositor y fundador del icónico grupo “Botellita de Jerez”, se había suicidado a causa de una denuncia anónima en la página de Me too músicos, en la que se le acusaba de abuso de una menor de edad. En su carta de despedida deslinda de su muerte a cualquier persona y le dedica a su hijo unas líneas en las que le explica que aunque le deja una “orfandad con un final terrible, es preferible a una pesadilla sin final”. Y no tomaré partido por ninguna de las partes en cuanto al hecho denunciado, ni a posible tendencia suicida de Vega Gil, sólo me expresaré en contra del feminismo fuera de control que se manifestó ante este acontecimiento con una virulencia y odio sin precedentes, en donde además se pone de manifiesto lo riesgoso que resultan las denuncias sin verificar la veracidad de la misma en redes sociales.

Al respecto, una amiga me preguntó:
- ¿Y qué pasaría si fue cierta la denuncia?
A lo que yo le contesté:
- ¿Y qué pasaría si no fuera cierta?
Por lo tanto, no es conveniente hacer un juicio a ninguno de los implicados, sino analizar el vicio que conlleva este tipo de denuncias.

En primer lugar, porque no es una forma clara de comprobar la veracidad y aunque se cae en el desprestigio del supuesto (y digo supuesto por la falta de pruebas) acosador, la cosas puede resultar al revés, como lo sucedió en este caso en que la supuesta víctima, pese a su anonimato es señalada en las redes como la culpable de la muerte de Vega Gil (pese a que él mismo deslinda culpas de su muerte y la propia banda “Botellita de Jerez” evita caer en el linchamiento de que fue objeto la denunciante). Y ante la duda yo diría: ¿Valió la pena denunciar de esta manera?
Pero volviendo a lo más terrible del asunto: la respuesta de varias de las mujeres que se dicen feministas - y que en realidad son generadoras de un odio irracional en contra de los hombres-, quienes se burlaron con odio inaudito de la carta de Vega Gil sin saber que este ya había consumado su muerte, lo conminaban a matarse o a decir que “un hombre muerto es un violador menos”. Tal virulencia no ayuda a lograr la igualdad que tanto pregonan las viscerales activistas, sino al contrario, logran radicalizar y dividir a la sociedad en contra de nuestros compañeros de vida. El movimiento feminista está perdiendo el rumbo y somos ya muchas mujeres que estamos en contra del camino que está tomando, abandonando algo que empuñábamos orgullosas y con dignidad durante mucho tiempo.

La autoridad, ante el embate de estas feroces féminas, ha tenido que solapar el absurdo lenguaje incluyente (que no lleva a ningún beneficio real a las mujeres), y las leyes que ya sancionan un piropo o una mirada como un delito. Cierto es que hay piropos y miradas muy molestas, pero las mujeres no somos tan indefensas como para no poder poner un límite sin que tenga que haber autoridad de por medio.

Las mujeres de hecho en algún momento podemos “chulear” a un hombre o mirarlo si nos parece atractivo, pero no es delito, y eso ya no suena a igualdad sino a hegemonía. Y eso es lo que quieren hoy las mujeres que enarbolan el feminismo: revanchismo. De tal forma han empujado al hombre a un escalón más abajo que el que tenían nuestras madres o abuelas. Antes la familia patriarcal tenía un escalafón social de padre-madre-hijo, pero hoy bajo este odio este ha quedado madre-hijo-padre, o peor aún el nuevo patriarcado en ciernes hijo-madre-padre, en donde el padre ya casi no puede opinar sobre las decisiones familiares.

Regresando al tema de las denuncias en redes sociales, hemos de decir que las mujeres somos ante todo seres humanos, y como tal van a existir las que tienen una actitud maligna, y no se detendrán ante un hombre que no les permitió acceder a un puesto, o incluso a quien no les hizo caso a sus berrinches. Habrá mujeres que a manera de represalia, van a inventar acoso o incluso abuso por parte de un hombre que no atendió a sus caprichos. Conozco varios casos (testificados personalmente) en los que la mujer inventó un abuso para desquitarse de un despecho.

He sido testigo de las mujeres que lo comentan de esa manera y también de los casos en los que acusan de acoso una simple insinuación que podría resolverse con un simple “no”. Que quede claro: acoso no es que un hombre me invite a la cama, sino que pese a mi negativa me siga insistiendo incluso con amenazas laborales o personales. Un hombre tiene derecho a sentirse atraído por una mujer y declararle sus intenciones: a lo que no tiene derecho es a buscar por cualquier medio conseguir sus propósitos. Hay una diferencia notable entre “flirteo” y “acoso”, y hoy en día a las activistas parece que no les importa hacer esa distinción.

Debo decir que personalmente en muchos casos me han molestado de manera grosera, pero ni me siento un objeto sexual ni me siento acosada, porque con el simple hecho de mostrar y manifestar mi desagrado, la situación se ha solucionado, no he tenido que recurrir a la denuncia para que se frene.

Y no niego la parte delicada del asunto. Hay miles de mujeres violentadas, abusadas física y mentalmente por algunos hombres (que quede claro: “algunos hombres”, no “los hombres”) que no tienen escrúpulos. Esos casos tienen que ser sancionados, y también es cierto que en muchos casos, por influyentismo o simplemente machismo de las autoridades no se consigue la sanción que debería de ser e incluso han exhibido o desprestigiado la acusación de la denunciante (en muchos casos pretendiendo poner a la mujer como causante del acto). Pero esto no es un motivo para generalizar, ni radicalizar el feminismo, que por supuesto no me representa a mí, ni a muchas otras mujeres.

Si hemos de manifestarnos, es afuera de las cortes y los ministerios públicos cuando probadamente no hicieron bien su trabajo. Hagamos denuncias bien sustentadas y señalemos sólo a los culpables sin generalizaciones virulentas, y sobre todo dejemos de ver al hombre como el antagonista y a la mujer como protagonista, porque esto es la vida, no una telenovela barata en donde sólo hay buenos y malos: en la vida real todos los seres humanos tenemos rasgos de nobleza y de maldad como para señalar sólo a un género como el culpable. La división social ha sido una constante en la historia de la humanidad, pero creo que se está volviendo cada vez más radical y peligrosa.
Los hombres no son nuestros enemigos. Nuestros enemigos son los violadores, los golpeadores, los solapadores. Es importante que sumemos a los hombres a nuestro movimiento y no que los alejemos de nuestras vidas.

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