Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VII Número LXXXII Agosto 2019

 

Editorial

Agosto es algo más que el octavo mes del año o la puerta de salida del segundo tercio del año, y cada quien tendrá diferentes motivos para rememorar al mismo. Ya sea evocar desde la memoria cercana, hasta el temible recuento que desde lo profundo y no en aparente manifestación esté haciendo el inconsciente. Podremos planear las actividades del mes, pronosticar cómo seguirá el año, pero sólo al final de éste se pueden hacer los recuentos.

Por ejemplo, en lo personal tengo que evocar a mi madre que nació en este mes en la lejana tercera década del siglo pasado, o mi primer enfrentamiento con la dolorosa muerte de un ser querido.

Hasta antes de esta fecha lo que más me dolía era la muerte de un pollito, pero a partir de mi adolescencia comencé a entender lo que era un dolor más profundo e intenso. Todo ello me estaba preparando para enfrentar la muerte de mis padres.

Y ya hablando de nuestra revista, a nosotros nos toca rememorar el momento cumbre del movimiento hippie: el ya mítico Festival de Woodstock. Un recuerdo que lo añoramos hasta los que no lo vivimos.

Pero también debemos recordar a un poeta favorito de los mismos jóvenes que vivieron esta fabulosa época, a Walt Whitman. Y por supuesto, no podremos olvidar el fatídico suceso que cobró la vida de Sharon Tate.
Una vez que pase el mes le sumaremos a todos los recuerdos atesorados en los fastos de la historia personal y universal, aquello que ocurra. Y esperamos que entre esos recuerdos haya algo que les haga guardar al menos por algún tiempo este número 82, correspondiente al mes de agosto.

Así mismo, una vez transcurrido este mes le daremos entrada a la época más agradable con que podamos contar: Nuestras posadas malditas, con el número de terror incluido y nuestro séptimo aniversario para dar paso al año ocho si todo continúa como hasta ahora. Pero por supuesto lo que viene después de este número también es mera planeación, lo que suceda está por verse.

Pero muy a la manera taurina, hemos de decir que estamos por cerrar el segundo tercio de la faena, ya se toreó con la capa, ya se pusieron banderillas y se hicieron los quites pertinentes. Ahora llega el momento crucial, el de torear con la muleta y darle la mayor profundidad a nuestra labor, y por supuesto ahora viene la suerte suprema, en la que algunos han triunfado, otros muchos han fracasado e incluso han terminado en “el hule”. Por lo tanto estamos “en capilla”, esperando que Díos (o mejor dicho el diablo) reparta suerte.
Y va por ustedes, nuestros lectores.

Tinta Rápida

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