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Ciudad de México Año VII Número LXXXIII Septiembre 2019

 

Editorial

En los calendarios antiguos era el séptimo mes, de ahí su nombre. Pero ahora es el mes nueve, y dicen los que saben que el nueve es un número fuerte y complicado. Y aquí comienza a despedirse un ciclo de Ave Lamia que termina en octubre (en plenas fiestas patronales de la revista) y comienza en noviembre. Y todo fue saliendo por casualidad o por el destino, pero al menos nunca se planeó que así fuera, el tiempo nos fue llevando de madurar una revista sin futuro a la actual que ya está por empezar su año ocho.

En el preámbulo de nuestras celebraciones, septiembre nos representa una brazada para llegar a la orilla y el recuerdo de una transición necesaria. En septiembre de 2012, reunidos en la otrora casa de nuestro Web Master Gabriel Rojas, con el Cerro del Peñón al fondo, una epifanía le llegó a Luciano Pérez para terminar por darle nombre a esta revista. El nombre no estaba planeado así, en realidad habíamos quedado en que se llamaría “Abrapalabra”, pero ya estaba ocupado en la red y tuvimos que pensarle mucho hasta que llegamos al Ave Lamia que hoy nos identifica. Y con el tiempo nos fuimos dando cuenta que era el mejor nombre que se le podría haber dado a la revista, dado que se fueron dando muchas coincidencias en torno al nombre.

No tuvo que pasar mucho tiempo desde la concepción de esta revista para que llegara la primera y hasta ahora la única traición, y de hecho tenía que suceder, pues es casi obligado o incluso casi una tradición que en todo proyecto tiene que haber diferencias y sus consecuentes traiciones. En realidad la aventura editorial se comenzó a trompicones y con muchos yerros en el mes de abril de ese ya lejano 2012, y llegaron también los necesarios reencuentros para entrar de lleno a la renovación del concepto y el contenido de esta revista.

Para hacer esta revista se requería inquietud y mucho trabajo -aunque quien acuñó la frase: “aquí se viene a trabajar”, era quien menos lo hacía-. Las reuniones editoriales han tenido algo más que meros temas de la revista, siempre existe un colofón para contar lo que nos ha sucedido en los días y ahora meses en que no nos vemos. Se habla de cultura porque es inevitable y es el vínculo original de nuestra relación, pero siempre es importante hablar de lo que pasa en nuestras vidas: de lo que nos aqueja y lo que nos solaza. Y eso ha hecho que tenga ese toque de amistad que creemos lo reflejamos en cada edición.
En fin, muchas horas de plática y de trabajo conforma esta experiencia editorial que nos ha dejado muchos recuerdos y aprendizajes. Y aquí estamos, “en capilla”, esperando el cambio del ciclo vital de nuestra señora Lamia.

José Luis Barrera

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