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Ciudad de México Año VII Número LXXXIV Octubre 2019

 

A cien años del Bauhaus
Loki Petersen

Hace cien años, en 1919, Alemania iniciaba una vida republicana por primera vez en su historia, una vez vencido el Reich en la Primera Guerra Mundial. Esa vida comenzó de manera caótica, con revoluciones comunistas en Berlín y Baviera que fueron sangrientamente sofocadas por el nuevo régimen. Poco a poco, a pesar de los graves problemas económicos, se fueron poniendo en orden las cosas por obra de esos gobiernos de la llamada República de Weimar, que aunque con apoyo del viejo ejército del Kaiser, sabía que todo tenía que hacerse nuevo y de nuevo. Una época así fue una magnífica oportunidad para hacer cosas nunca antes vistas, y el arte alemán se abrió a toda clase de experiencias, que influyó también en el lado práctico de la creatividad, específicamente en la arquitectura. Fue entonces que se desarrolló el movimiento artístico del Bauhaus, creado por el arquitecto Walter Gropius.

Lo cierto es que ya en los años anteriores a la guerra se dieron tendencias llamadas de vanguardia, como dadá y el expresionismo, que buscaron romper con los cánones tradicionales del arte. El conflicto bélico apagó un poco eso, pero cuando concluyó se renovó con mayor intensidad, sobre todo en la derrotada Alemania, pues ahí los artistas querían proyectar su ira, su preocupación, a través de diversas maneras de crear arte.

El Bauhaus perteneció a estas maneras, bien que su expresión no fuese literaria ni musical, como otros movimientos, sino específicamente de arquitectura, y del diseño de mobiliario, así como también pictórica y de diseño gráfico.

El Bauhaus ha sido llamado por los expertos la más celebrada escuela de arte de los tiempos modernos. Bauhaus quiere decir en alemán “edificio”, por ser su fundador, en principio, dedicado a la construcción, el ya mencionado Gropius.

Nació en Berlín en 1883, y su abuelo y su padre ya se dedicaron a la arquitectura, así que Walter hizo lo mismo, para lo cual estudió en Munich y Berlín. En 1907 se integró al equipo del ingeniero Peter Behrens, quien era jefe de diseño de la AEG (Compañía Alemana de Electricidad). Ahí realizó su aprendizaje, y para 1910 trabajaba por su cuenta construyendo edificios, los cuales ya tenían la característica que después le daría fama al Bauhaus, la de estar hechos con acero y vidrio.

En 1915 se casó con una de las mujeres más bellas de Alemania, Alma Mahler, viuda del famoso compositor Gustav Mahler. Este matrimonio le abrió muchas puertas en círculos de prestigio. En 1917 participó como oficial en la Primera Guerra, y cuando ésta concluyó, con el resultado adverso que todos conocemos, Gropius les presentó a las nuevas autoridades de la recién fundada república de Weimar algo que lo inquietaba desde hacía tiempo: la fundación de una escuela de arte. Logró la autorización y los fondos necesarios, y en abril de 1919 fue inaugurada, en la ciudad de Weimar, la que fue capital cultural de Goethe y ahora sede de la joven república alemana, el Bauhaus.

En el Bauhaus se enseñó por primera vez de manera novedosa lo que es el arte y para qué es. Los objetivos principales de la escuela fueron ante todo tres: cómo el arte debe enseñarse; cuál es la naturaleza de un buen diseño; qué efecto tienen los edificios en la gente que los habita. Por lo tanto, toda la enseñanza artística actual procede de lo que el Bauhaus manejó entonces como experimento, como búsqueda.

Artista y artesano ya no deberían estar separados, sino ser lo mismo en una persona. Y por supuesto, los egresados de la escuela tenían que integrarse a la industria de la nación para aplicar de inmediato sus conocimientos. Esta última idea hoy parece evidente, pero en esos años era algo novedoso. El aula fue vista como parte de un taller, de modo que no había profesores y alumnos, sino, como en los viejos tiempos gremiales, maestros y aprendices. No es el arte lo que se enseña, sino la habilidad manual y técnica para hacerlo. Nada de teoría pues, sino todo práctica.

Los primeros años de Bauhaus fueron de pobreza, como en toda Alemania, y Gropius, que como director se encargaba de la administración, se preocupaba por conseguir los materiales y las herramientas que se requerían para la enseñanza. Pero no sólo esto, sino también se afanaba por la alimentación de los alumnos, e incluso consiguió para éstos ropa y zapatos. Y por supuesto, había que traer a los mejores maestros. Había de dos tipos: los de forma y los de taller. Los primeros enseñaban lo que eran el color y la textura, y los segundos las aplicaciones prácticas.

Entre los notables maestros de forma cabe mencionar a un personaje excéntrico, el pintor suizo Johannes Itten, convencido zoroastriano y vegetariano, que era quien daba un curso introductorio a todos los alumnos de nuevo ingreso. Traía la cabeza rasurada y vestía como un monje (algo así como un joven Tío Lucas de la Familia Addams). Quiso que la comida que se consumía en el comedor de la escuela fuese exclusivamente macrobiótica, en vez de las tradicionales salchichas germanas, pero esto fracasó porque en tiempos de inflación económica y hambre no hay manera de pensar en comer sano, sino en comer lo que haya.

Otros maestros notables fueron el escultor y grabador expresionista Gerhard Marcks, y el diseñador germano-americano Lyonel Feininger, así como dos que hoy son considerados de los más famosos artistas plásticos de esa época: Paul Klee y Vasili Kandinski. El renombre de estos dos últimos da idea de la calidad que estaba adquiriendo la enseñanza en la escuela, pues le dieron al arte alemán, y al universal en general, una nueva y diferente visión, en el marco del expresionismo.

Otro buen maestro fue el diseñador gráfico y fotógrafo de origen húngaro Lásló Moholy-Nagy. Los maestros de los talleres no solían tener tanto renombre, pero fueron también decisivos para la manera artística del Bauhaus.
Los alumnos no sólo eran hombres, sino que también hubo muchas mujeres, algo no bien visto en esa época, pero fue en ésta, la de los años veinte del siglo veinte, cuando empezó a cambiar todo. Se hacía un riguroso examen de admisión, y sólo los más competentes ingresaban.

Los egresados del Bauhaus se distinguían por su versatilidad: eran capaces de pintar, grabar, tomar fotografías, diseñar muebles y lámparas, y crear cerámicas y esculturas. Sin embargo, no había todavía lo que quería Gropius, un departamento que enseñase arquitectura. Esto se logró después cuando la Bauhaus tuvo que salir de la ciudad de Weimar en 1925, porque el gobierno alemán comenzó a regatearle los fondos dado que se decía que la escuela era un nido de comunistas. El plantel iba a cerrarse, pero la ciudad de Dessau, cercana a Weimar, ofreció que ahí fuese la escuela, dándole también el apoyo necesario. Y fue en Dessau que las cuestiones arquitectónicas pasaron a ser relevantes, y en la propia ciudad se hicieron diversas construcciones con el estilo de la escuela.

Walter Gropius decidió dejar la dirección del Bauhaus, para dedicarse más a su ocupación de arquitecto, y dejó a cargo al también arquitecto Hannes Mayer, de origen suizo, quien en 1930 fue sustituido por otro arquitecto, Mies van der Rohe. En 1932 la escuela salió de Dessau para trasladarse a Berlín, pero aquí estuvo durante poco tiempo, pues el 11 de abril de 1933, por órdenes del nuevo canciller Adolfo Hitler, la policía de Berlín cerró en definitiva la escuela.

La percepción nacional-socialista señalaba que el Bauhaus era un lugar donde judíos y bolcheviques se encargaban de envenenar el arte de la nación alemana. Por lo tanto, muchos de los integrantes de la escuela tuvieron que emigrar, principalmente a los Estados Unidos, país adonde llevaron sus conocimientos, que pronto fueron también aplicados ahí. Gropius estuvo en Harvard y Moholy-Nagy en Chicago. Después de la guerra algunos regresaron a las nuevas Alemanias (oriental y occidental) y fueron bien recibidos, pues la Bauhaus había adquirido por fin prestigio mundial al haber sido señalada por el propio régimen hitleriano como enemigo de éste.

El Bauhaus influyó sobre todo en la arquitectura, con esos elegantes edificios de cristal bien delineados y con múltiples ventanas. Pero también las sillas tubulares y las lámparas de cuello movible fueron creación suya, así como cafeteras de extrañas formas; para no hablar de los motivos geométricos en el diseño gráfico, líneas que incluso llegaron a la moda en los vestuarios de las mujeres. Hace cien años ya de esto, y no podemos olvidar a un movimiento artístico que tanto tuvo que ver en la modernización de la vida.

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