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Ciudad de México Año VIII Número LXXXV Noviembre 2019

 

Alexander von Humboldt (1769-1859)
Loki Petersen

Pocos extranjeros han estado tan íntimamente ligados a México como el barón alemán Alexander von Humboldt, de quien se celebran, en este 2019, 250 años de su nacimiento. Hasta nuestros días su recuerdo está presente en la cultura mexicana, y no es para menos, pues él fue el primer investigador no hispánico que estudió a fondo, con los limitados medios de la época, nuestro país; y dio cuenta en sus libros de las maravillas naturales, la producción económica, el número de habitantes, los problemas sociales, y muchos otros asuntos, de lo que entonces era el Virreinato de la Nueva España, ya a pocos años antes de que se iniciara la guerra de Independencia.

Friedrich Heinrich Alexander von Humboldt fue una personalidad científica de alto nivel, que formó parte tanto del pensamiento ilustrado del siglo XVIII, como del movimiento romántico que dominó la primera mitad del XIX. Nació en Berlín en 1769, en el seno de una familia aristocrática prusiana, en el tiempo en que Federico el Grande era el rey de Prusia. Alemania, como la conocemos hoy, no existía, sino que estaba dividida en un conglomerado de reinos y principados, por lo general rivales entre sí, y lo único que tenían en común era el idioma alemán. Prusia dominaba como uno de los reinos más fuertes.

Humboldt y su hermano Wilhelm, dos años mayor que él, se vieron pronto involucrados en la corriente cultural que tenía como centro al ilustre Goethe. Éste recibió con entusiasmo a los hermanos Humboldt y forjó una gran amistad con ellos. Wilhelm, un eminente lingüista y filólogo, llegó a fundar la Universidad de Berlín, y Alexander se decidió por el estudio de las ciencias naturales, así que se hizo un experto en botánica, química, mineralogía y geología, ciencias todas que también eran de la predilección de Goethe, de ahí que consultaba constantemente con Alexander sobre detalles de las mismas.

El más joven de los Humboldt no quería quedarse encerrado en un laboratorio, así que inició viajes por Europa, y en París hizo contacto con destacados científicos franceses, sobre todo con Aimé Bonpland (1773-1858), quien lo acompañaría en su expedición americana. De hecho el viaje de Humboldt a América fue más bien accidental, porque él pensaba ir a Egipto, para de ahí recorrer África y Asia. No lo consigue, porque hay guerra y peste en esos lugares, así que entonces visita España. Aquí hace amistad con el rey Carlos IV (el del famoso Caballito), el cual lo invita a conocer las colonias americanas.

Es 1799 y Humboldt tiene treinta años de edad cuando llega a la Capitanía General de Venezuela, para después dirigirse al Virreinato de Nueva Granada (hoy Colombia), y luego a la Audiencia de Quito (hoy Ecuador) y al Virreinato del Perú. Es en marzo de 1803 que desembarca en Acapulco, para disponerse a conocer el virreinato más rico de la corona española. Pasa por Chilpancingo y llega a Taxco, lugar que le fascina por ser un centro minero. El once de abril entra a la capital novohispana, donde busca a su amigo Andrés Manuel del Río, el químico español descubridor del vanadio, que se había establecido en la Nueva España.

Queda contento de conocer el Real Seminario de Minas (ubicado en el edificio que hoy conocemos como Palacio de Minería). En mayo de 1803 visita las minas de Pachuca y Real del Monte, y en agosto las de Guanajuato. Regresa a la capital en octubre, y en enero de 1804 parte hacia Veracruz; pasa por Cholula, Puebla y Jalapa, y en mayo se embarca hacia La Habana. De aquí se dirige a los Estados Unidos, entonces una joven nación, y en agosto regresa a Europa.
Se establece en París, donde prepara y publica los tres volúmenes que integran su monumental Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente (el primero salió a la luz en 1815, el segundo en 1819 y el último en 1825). Una de las secciones que integran esta obra tiene gran importancia para México, y es el Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España. En 1829 hace una expedición a Siberia, y vuelve definitivamente a Prusia, donde el rey Federico Guillermo III lo nombra uno de sus más cercanos colaboradores. Continúa publicando trabajos científicos, uno de ellos fue Cosmos. Esquema de una descripción física del Universo. Murió en 1859 a la edad de noventa años. Fue tan longevo como su amigo y maestro Goethe.

En 1824 el Congreso Constituyente de México (que ya se había independizado de España), declaró que el Ensayo de Humboldt era una de las fuentes más confiables para la reorganización del país. Y desde entonces no han cesado los estudiosos mexicanos de analizar una y otra vez este libro, que contiene, junto con la Historia Antigua de México de Clavijero, una de las claves para conocer lo que fuimos y lo que podemos llegar a ser. El Ensayo es un estudio, muy completo para ese tiempo, de Nueva España: su extensión, aspecto físico, constitución geológica, clima, población, agricultura, ganadería, industria, comercio, etc. Esta obra tuvo alcance universal, es el fundamento de la geografía regional moderna, porque hasta entonces no se había hecho un estudio tan detallado de ningún país.

Humboldt se encontró con notables adelantos en la ciencia novohispana, los cuales aprovechó para su libro; además, utilizó los datos del censo de población que el virrey Revillagigedo había levantado en 1794. Quiso ver personalmente todo cuanto fuese de interés: subió a la pirámide de Cholula, analizó las piedras basálticas de Real del Monte, visitó el volcán de Jorullo, estudió las obras del desagüe del Valle de México, hizo que le mostraran la Piedra del Sol y la Coatlicue, y sugiere la pronta exploración del Zócalo capitalino, para que se desenterrasen más riquezas del pasado prehispánico.

La imagen de la Coatlicue le llamó particularmente la atención: la consideró digna de estar junto a las mejores piezas del arte grecorromano. Hizo notar, por otro lado, las semejanzas del calendario azteca con los calendarios asiáticos.

Estudió los códices nahuas, y se lamentó de que algunos de éstos, guardados en el palacio virreinal, se encuentren en mal estado; le indigna ver el abandono en que están los preciosos restos de una colección tan estimable. Adquiere algunas piezas, que integrarían el que luego se llamó Códice Humboldt.Al científico alemán no le cupo la menor duda del alto grado de civilización logrado por los pueblos prehispánicos. Llama a Quetzalcóatl el Buda de los mexicanos.

No queda espacio para detallar los estudios mineralógicos, metalúrgicos, botánicos, efectuados por Humboldt. Pero cabe mencionar su análisis socioeconómico: encuentra una gran desigualdad social, hay unos pocos individuos que son propietarios de inmensas riquezas, mientras que hay miles y miles que no cuentan con nada.

Cree el alemán que es urgente una reforma agraria, y que no debe hacerse tanto hincapié en la producción minera, pues se hacen de lado otros ramos industriales. Se dio cuenta también de que los criollos estaban a disgusto porque se les marginaba del poder, y asimismo se percató de la mala situación de los indígenas y de los mestizos.

Humboldt siempre quiso volver a México, para fundar una escuela y acabar aquí “mis días de un modo más agradable y más útil para la ciencia, en esa parte del mundo donde soy extraordinariamente querido”. Nunca lo logró.

En 1859, Benito Juárez proclamó a Humboldt “Benemérito de la Patria”.

En 1910, con motivo del Centenario de la Independencia, el Kaiser Guillermo II regaló al pueblo de México una estatua del famoso viajero, que fue colocado en el jardín de la entonces Biblioteca Nacional, donde todavía se la puede admirar (en la esquina de Isabel la Católica y Uruguay)

Humboldt no ha dejado de ser un símbolo de la fraternidad entre México y Alemania, y es así que el establecimiento educativo fundado por los inmigrantes alemanes en México fue llamado Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

En 1997 hubo una gran exposición en el Museo del Arzobispado, dedicada al ilustre científico, bajo el patrocinio del INAH y del Instituto Goethe. Ahí se presentaron documentos, grabados, libros, instrumentos y objetos personales, de Humboldt.

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