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Ciudad de México Año VIII Número LXXXV Noviembre 2019

 

Cuatro influencias dipsómanas

José Luis Barrera

1.- MALICE IN WONDERLAND

Belleza maligna. Lolita psicópata de diabólica coquetería. Adolescente vampiro de encantos irredentos. Mujer de plata y piedra que rompe el estigma de inocente juventud. Presencia que hace intuir la antítesis de la virtud. La virginidad no es sinónimo de pureza.

Repudio general a las falsas señoritas. De "Crush" a "Crazy" se delinea su carácter extrovertido y malicioso. Desearla resulta peligroso. Por ella se descubren los cancerberos que acompañan a la atracción sexual.

Para cuando la sentencia de Helena la alcance será demasiado tarde para librarla. Alicia sabe perfectamente que los hombres pueden golpear a la mujer, pero ellas simplemente nos destrozarán. ¿Mujer fatal o tierna jovencita? ¿Acaso dos puntos no se unen con una línea? ¿Quién no quisiera entregarse a ella sin importar las consecuencias?

El hombre vampiro no ha intentado seducirla porque esta entretenido con su efebo. En el "País de las Maravillas", Alicia no es niña buena de faldas bombachas y es diosa que dicta némesis contra los que intentan perpetuarse en su íntimo templo. Cadena perpetua en las priápicas cavernas a los que enloquecen por ultrajar las jóvenes carnes con sus carentes obsesiones.

2.- ERITIS SICUT DII
(Seréis como Dioses)

Los índices del pecado están a la alza debajo de tus faldas. Placer recurrente a la carne. El sexo en los tiempos de la avidez. En la dionisiaca Pafos, los tratados comerciales son asuntos de todos los días. Magdalena sentada a la derecha de Hetaira.

Apetitos veniales saciados en la clandestinidad pública. Prohibición genera deseo. Abolición de la moral, emulando a Friné bajo luces de neón. La ley de la lascivia te brinda la absolución. Sueños y obsesiones observando la fugacidad del ropaje. Cuerpo desnudo proponiendo el voyerismo a ultranza.

El placer tiene la virtud de la ubicuidad. Ficciones del amor. Sentenció San Joaquín de Atocha que “las malas compañías son las mejores”. El querido Sabines sigue proponiendo tu canonización en el cielo. Por tu labor en la mancebía no dejas de ser dama. Mujer: ven y libera a mi amigo, el lúcido poeta, de su dolorosa erudición; bébete hasta la última gota del néctar de la vid, dejándola plácidamente vencida; siéntate al lado del ignoto "tinta rápida" ahora que tiene parné para gastar y unas ganas locas de perder acciones de su alma en tu paraíso maldito.

3.- PODOFILIA

El extremo sur de tu paisaje es instrumento epicúreo de tu andar. Deliciosa piel extrema con la que Baco deseó que se hicieran los más deliciosos brebajes bermejos. Aduana erógena para llegar al hedonismo.

Principio de madurez cuando tocas el suelo con ellos y despertar de mis instintos cuando se emancipan mirando al cielo. Ampliación del erotismo hasta tus tierras polares. La sensualidad se lleva al cabo desde la misma frontera de tu cuerpo.

Ramales de inspiración de mi libido, con diez vástagos en formación perfecta. Sin buenos cimientos un edificio se desploma. ¿Qué sismo podrá derrumbar la pasión que inicia desde el origen cutáneo? Engalanados son simiente por excelencia del fetichismo.

Desnudos son el preámbulo perfecto de la expedición carnal. La Diosa puede carecer de brazos, pero nunca de pies. Camina seductoramente descalza hasta el lecho lúbrico, que aquellos con los que llegas hasta mí, me harán llegar pleno a la cumbre de tu placer.

4.- ENSOÑACIÓN PÉDICA

Para Alicia la de los pies de diosa

No me es necesario ver más para deleitar mis sentidos desde la imaginación en el onírico País de las maravillas. Nada tan hermoso como los pies de Alicia, a los que rindo culto acondicionando mis lúbricas confesiones a la exquisita geografía de sus plantas. Calzados en unas seductoras zapatillas que exaltan el fino trazo de su arco, luciendo el incitante numen de su desnudez.

Sutil fetichismo enredado en mis instintos. Bastó tan sólo una postal, una mirada a esta fantasía emancipadora del placer podófilo, para intuir su deliciosa textura, para sentirlos desde el mítico sentido de la mente. Y es así que pude llevarlos hasta el recóndito refugio pupilar del placer, atrapado en las redes voyeristas de la fantasía.

Viaje crepuscular del hedonismo visual. Abrazando con fervor desde mis sueños los bellos pies de Alicia, acudí absorto a mis obsesiones. Mi primigenia perversión se fue navegando en las blancas olas de un efluvio interior.

No me es necesario ver más para fundar un parnaso entre sus dedos, para darle un lascivo beso al viento del norte, que ha de llevarlo como ofrenda al erógeno altar de sus pies.

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