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Ciudad de México Año VIII Número LXXXV Noviembre 2019

 

Editorial

En Ave Lamia estamos iniciando otro ciclo, nuestro octavo para ser exactos, pero ajustados al calendario gregoriano estamos terminando un año, un inefable 2019 por cierto, que tal como lo dicen los que dicen saber de estos menesteres, los años terminados en nueve traen una carga muy pesada, y por esta ocasión tendré que darles las razón, y como aún no termina este, mejor nos andaremos con cautela. Bajo esa premisa será mejor tomar nota del Ciclo Lamia y dar por iniciado el año ocho y omitir el dato calendárico.

Sin duda es un honor y a veces una verdadera hazaña estar ya en este octavo año tal vez sin pretenderlo. Fue en noviembre de 2012 en que despedíamos a una publicación que sin tener mucho futuro, en realidad sentó las bases para iniciar un proyecto que de suyo no parecía ser tan ambicioso, pero que hizo huir a ciertas ratas de la nave. Y no he de hablar mal de aquella revista que llegó a ocho números, porque fue la que abrió camino a la revista que hoy se encuentra de plácemes.

De manera discreta y casi temerosa del posible fracaso de ésta, se encontraba Luciano Pérez dando discreta asesoría pero ya con considerable interés en sumarse a la causa. Esto me dio la idea de hacerla más formal y crear una página web -de lo cual no tengo el más mínimo conocimiento- y para lo cual acudí a mi amigo Gabriel Rojas, quien desde ese momento y hasta el día de hoy ha sido pieza clave como Web Master.

Entonces, ya con la seriedad que se estaba tomando este proyecto editorial, se comenzaron a sumar voluntades y restar malas compañías, haciendo crecer la revista y lograr sobrevivir durante estas 92 ediciones (contando con las 85 que hasta hoy están editadas y las siete de especiales de terror que llevamos publicadas).

No es labor menor, y en efecto nos ha restado tiempo a nuestra vida y a nuestras actividades laborales, pero cuando la pasión es mucha, no importa el tiempo ni el dinero que se le ha tenido que invertir. Muchos nos dirán que es mala inversión la cultura, y económicamente hablando tendrán razón, puesto que lejos de ver un centavo más en la bolsa del pantalón, se le ha tenido que poner dinero de esa misma bolsa para que la revista siga saliendo a circulación.

En realidad la inquietud editorial ya nos la había inoculado la revista memoranda, de la cual ya se habló en nuestro reciente número de octubre y esta no es más que una consecuencia lógica de aquellos tiempos agradables en las oficinas de la calle Nápoles. Y que sea como siempre ha sido planteado este proyecto: llegar hasta donde se pueda. Hasta ahora son noventa y dos ediciones ¿Cuántas más habrá? Sólo la Lamia lo sabe -pero por supuesto que no nos lo dice-.

Tinta Rápida

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