Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VIII Número LXXXV Noviembre 2019

 

Féminas tepiteñas
Luciano Pérez

1.- Dragona y café
- ¿Adónde vas, dragona?
- A beber café.
- ¿Beberás mucho?
- ¡Tanto como el alcohol!
- ¿Vendrás luego?
- A comerte, claro.
- ¡No lo hagas!
- ¿No es ya tu hora?
- No, dragona, todavía no.
- Más vale hoy que mañana.
- Ve a tomar café.
- Pero he de comerte.
- Quizás, tal vez y acaso.
- No, es algo seguro.
- Dragona, déjame vivir otro poco.
- ¿Qué más da un poco o un mucho?
- Bebe tu café, se enfría.
- Lo caliento con mi lengua de lumbre.
- ¿Y me quemarás cuando me comas?
- Para purificarte.
- No quiero temer ni compadecer.
- Libre quedarás de ello.
- Te espera tu café.
- No, me esperas tú.


2.- Tres ménades
Llegan desde su lejano reino mazahua, para coronarse con cerveza en Tepito, para ahogarse en ese mar de oro que las hace aullar en los convivios y convites. ¡Un banquete donde el amor se hace presente mediante las botellas! Beben el ámbar de los prusianos, el néctar de los bávaros, para gritar mejor sus alegorías de Bacchus. Que Eros es oro embotellado para ellas, que beben a pico la delicia líquida que Mefistófeles trajo a Mexicum, en especial para estas tres morenas, cuya voz ya retumba oracular en nuestro barrio.

3.- Tucita
Se mira ante el espejo y le hace la pregunta ritual. Y el espejo, claro está, le responde: “Tú, Tucita, tú”. Pero ella no queda conforme, no está segura si el espejo no estará mintiendo, y entonces se asoma al agua de la pileta y le pregunta al agua, la cual responde: “Tú, Tucita, tú”. Tampoco queda a gusto con esa respuesta, por muy favorable que sea. Entonces me busca para verme cara a cara, y me hace la pregunta. Pero no respondo nada, pues mi asombro es total, no sé si por lo que me pregunta, o por Tucita misma. No sé qué decir, y eso le basta a la muchacha, quien se va satisfecha.

4.- Barbie Danger
“Todavía seguimos por aquí”, dijo, y entonces Ilión fue incendiada de nuevo, y aqueos y troyanos decidieron morir otra vez por Barbie. Todos acudieron desde vecindades, basureros, zaguanes y azoteas: perecer por ella fue la fatalidad con la que los dioses obsequiaron a los hombres de Tepito, cual una bienaventuranza irresistible. “Todavía seguimos por aquí”, y la negra sangre brotó de todos y no hubo piedad para nadie. Porque Barbie Peligro no se ha ido, y hay que morir para que las carcajadas sean muchas entre las deidades felices que habitan el cielo de diamantes.

5.- Lupa
Te vi, Lupa, en medio de la lluvia, y logré preguntarte:
- Lupa, ¿ya no cortas cabezas?
- Ya no, me he retirado.
- Nadie las cortaba mejor que tú.
- Era buena profesión.
- ¿No sigues en ella?
- No, ya no puedo.
- ¿Quién nos cortará la cabeza cuando estemos muertos?
- Si yo pudiera lo haría.
- ¡Hazlo, entonces!
- No puedo, te digo.
- Dime por qué no.
- Ando con alguien.
- ¿Y?
- Sólo tengo ya a uno a quien cortarle la cabeza.
- ¡Oh Lupa, nosotros queremos ser ese!
- Quizá algún día te la corte, amigo.
- ¡Apresura pues el algún día! ¡Córtale la cabeza al tipo!
- Por ahora no, por ahora no.
- ¿Entonces cuándo?
- Cuando mi tontería amorosa se agote y mi odio me haga retomar el bisturí. Antes de eso, no puedo…
- ¡Ódiame, ódiame!
- Mejor muérete primero, y ya veremos, ya veremos…

6.- Buenos días a G.
Buenos días a ti, a tus tenis, a tus pants, a tu sonrisa que es oro para que los gnomos lo extraigan. Tú eres esa mujer a la que se anhela para los últimos tiempos, cuando ya todos se han ido y sólo tú apareces para que te diga buenos días y me respondes. ¡El día es contigo un regalo de Hiperión! Y tú una de sus hijas, que me otorgas la gracia aunque apenas me conoces. Pero yo te he conocido desde siglos atrás, y sé que brillas ahora como entonces, llena de luz y de negros racimos. Y cuando me rellenen de amomo para sepultarme, seguro que me recordarás para contestarme: “buenos días”.

7.- Pánidas
Son hermanas, paren hijos, y venden el pan. El dios chivo les enseñó a tocar la flauta, y cuando ellas la tocan, las melodías levantan a los muertos desde lo profundo de la mirra y el amomo. Les hemos dicho: “¡Ya no tengan hijos, obstruyen el paso!”, y ellas sólo se llevan la flauta a los labios y además del pan dan el pescado. Que nunca hay pecado, aun si los productos de éste nos impiden pasar.

8.- Laetitia
Tus lentes transfiguran la radiación empírea, los dolomitos reverberan con cadencias de Eolo, porque te ves y me veo, me veo y te ves, y detrás de tus cristales hay arena de un tiempo de hiperbórea certidumbre; de cuando los gnomos, como yo, indómitos reyes, se negaron a curar tu miopía para ellos verte mejor. Que miope te queremos y a tu salón acudimos cuando el cabello nos cae hasta el abismo de los Anticristos.

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