Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VIII Número LXXXVI Diciembre 2019

 

El árbol maldito

(Primera parte)
Beatriz Oliva Pérez Peña


Me llamo Ana, tengo 35 años, soy periodista y fotógrafa; me encanta mi profesión, pero desgraciadamente estoy en medio de una relación matrimonial muy dañina: mi marido tiene 40 años y problemas psiquiátricos muy graves como la esquizofrenia, depresión, demencia y bipolaridad entre otros, y no debería dejarlo, pero ya no puedo más.

- Déjame en paz, reconoce que tienes problemas muy fuertes, necesitas ayuda médica.

- ¡No, no estoy loco, tú eres la que me quieres perjudicar porque ya no me quieres, yo te amo, siempre te amaré!

- Lo nuestro ya no funciona, para mi eres una persona tóxica que me ha lastimado tanto física como mentalmente, ya no puedo seguir viviendo contigo, mi vida se ha convertido en un infierno y los dos estamos sufriendo. Te lo suplico, déjame ir, te prometo que no te voy a pedir nada ni mucho menos voy a volver a molestarte

- ¡No, no quiero que te vayas no quiero que me a abandones, dime la verdad quien te está esperando, allá afuera!

Se asomó a la ventana buscando a alguien.

- No empieces con tus celos, bien sabes que nadie me está esperando; simple y sencillamente no podemos seguir con este matrimonio.

- ¡Te lo advierto, si te vas me mato!

- Ya no voy a acceder a tus chantajes, me voy y ya no voy a regresar.

Ya estaba lista con mis maletas, casi llegando a la puerta del departamento, cuando se puso en medio y se hincó:

- No lo hagas, te prometo que todo va a cambiar, ya no voy a ser igual, haré todo lo que tú me digas y me pidas, de verdad volveremos a ser lo que fuimos alguna vez.

- Si es así, entonces accede de nuevo a consultar a un doctor; si haces eso te prometo que seguiré a tu lado.

Se paró abruptamente y me tomo de los hombros fuertemente:

- ¿Por qué insistes en tratarme como un loco? El Doctor que vi anteriormente lo único que quería era sacarme dinero y nada más!

Entonces intente calmar mi temor a que me golpeara como antes lo hizo y darle la razón para que se mantuviera tranquilo.

- De acuerdo, ya me convenciste, no me voy a ir pero ahorita me tengo que salir a trabajar.

- ¡Mentira! En cuanto salgas de aquí ya no vas a regresar, me quieres engañar pero no lo vas a lograr, quedémonos aquí, en nuestra casa, juntos sin salir nunca jamás

- Ya ves, es lo que te estoy diciendo, eso no es posible, tenemos que vivir de algo, tenemos que trabajar. Dejo mis maletas para que veas que no te estoy engañando, voy a regresar, te lo juro por la más sagrado.

Entonces fue cuando me soltó. Se sentó en el sillón, puso sus manos en sus rodillas y bajó la cabeza.

- Está bien, te voy a creer, pero por favor regresa; sin ti no puedo vivir.

Tomé mi bolsa y mis llaves y bajé del edificio, me subí a mi auto que estaba estacionado en el garaje y antes de encenderlo me puse a llorar. Sentía una frustración insoportable de no poder hacer nada, ya eran muchos años con este problema y él no mejoraba. Me mantuve así aproximadamente unos diez minutos, y estaba encendiendo el auto cuando oí un golpe muy fuerte que procedía de la calle. El portero al igual que yo salimos para ver qué sucedía, y para mi asombro vi que era mi marido, que se había aventado del balcón.

En ese momento el portero tomó su celular y llamó a emergencias. Yo estaba muy espantada, pero me acerque, lo vi todo lleno de sangre tirado en el suelo como una basura. Me agaché donde estaba él y empecé a gritar:

- ¡Ernesto, pero qué hiciste, te dije que iba a regresar, te lo prometí y sabes que yo no miento!

- Cálmese, señora, ya viene la ayuda, no tardan en llegar -, me dijo el portero.

En verdad parecía que estaba muerto, no movía los ojos ni trataba de hablar. Afortunadamente no había fallecido, pero si estaba muy lastimado. En eso llegó la ambulancia y lo subieron a la camilla, me pidieron que fuera con ellos hasta el hospital; el portero me dijo que no me preocupara, que se encargaba de mi auto y de cuidar mi casa. Yo estaba en shock, la paramédico me preguntó si sabía lo que había pasado, entonces yo le empecé a decir todo lo que había sucedido y las enfermedades que le habían diagnosticado anteriormente.

Llegamos al hospital y de inmediato lo introdujeron a la sala de operaciones, y no tuve más remedio que llamarle a su mamá e informarle lo que había ocurrido; en poco tiempo ya me estaba acompañando, la pobre mujer tenía el rostro desencajado. Transcurrieron algunas horas, en eso se acercó el doctor y nos informó que mi marido tenía muchos huesos rotos y algunos órganos lastimados, pero que con cuidados se iba a recuperar y sobre todo que era de vital importancia que lo viera un psiquiatra, porque si no podría volver a intentar suicidarse, en eso requiere de tratamiento urgente.

- Evelyn, ya no puedo más, he hecho todo para que de nuevo acceda a ir al doctor pero no quiere. Ya ha trastornado mi trabajo, mi familia, toda mi vida, no puedo tener una amiga y mucho menos un amigo, porque empieza con sus celos. Me ha lastimado tanto física como mentalmente, discúlpame pero no puedo continuar así.

- Yo entiendo, sé que mi hijo está muy enfermo y sé todo lo que has hecho por él, yo lo voy a cuidar, me voy encargar de que mejore lo más que se pueda. Reconozco que has sido una buena esposa y en tu lugar haría lo mismo. Me tiene a mí y a sus hermanos y sé que también a ti, pero ya es tiempo de que descanses.

- Me siento culpable, poco antes le había dicho que me iba a ir a vivir a otro lado y se puso violento como ya sabes, y al poco rato ocurrió esta desgracia.

- No es tu culpa, tiene problemas mentales muy fuertes, como nos habías comentado. Vete sin cuidado, yo te voy a mantener al tanto de su recuperación.

Por lo pronto ya tenía planeado quedarme con Claudia, mi mejor amiga, en lo que decidía en qué pueblo o ciudad iba a comenzar mi nueva vida. Pasaron unos días, entonces empecé consultar en internet qué localidad sería la mejor opción para mí. Era un pequeño poblado cerca de la ciudad, tenía buen clima y no era muy grande; había tranquilidad, además de ser pintoresco.

Al cabo de una semana, ya que mis sentimientos estaban más tranquilos decidí ir a conocer aquel lugar. Claudia me acompañó y nos encantó el pueblito. Lo extraño es que no había mucha gente, pero no importó; comenzamos a preguntar por algún lugar para rentar un largo tiempo, rápidamente nos dieron informes. Era una pequeña casa perfecta para mí, con unos escenarios hermosos y sobre todo sin problemas de comunicación, con acceso a internet.

Laboraba para una revista extranjera y como reportera y fotógrafa a distancia no tenía problemas económicos, hacía mi trabajo, lo mandaba por internet, me daban la aprobación y en poco tiempo tenía mi depósito, siempre estuvieron contentos conmigo.

Unos días después ya estaba instalada en el nuevo hogar, todo era lindo como lo sería mi vida futura, pero lo que para mí era muy extraño es que todas las noches había pequeñas tormentas, pensé que era por la temporada. Lo mejor fue que al siguiente día el clima era perfecto: templado y despejado.

En una ocasión tuve que ir a la ciudad para reportarme en mi trabajo y retirar mi depósito, ya iba de regreso a mi casa y a la entrada del pueblo y en la acera derecha vi un árbol frondoso y bonito; parecía que estaba en un santuario ya que había pocas casas cerca. Como curiosa que soy me regresé y me estacioné enfrente; decidí tomarle algunas fotos, estaba sin rejas y pude acceder fácilmente. El pasto estaba perfectamente podado, no había hojas secas a su alrededor, y colgaban de él frutos deliciosos; se notaba que ese árbol tenía mantenimiento, era digno de una postal.

Iba a tomar algunas fotos pero anteriormente tuve un problema por acceder a propiedad privada sin permiso, entonces como a unos cien metros logré ver una casa y decidí ir a preguntar si podía entrar. Me acerqué y toque la puerta, salió una mujer algo grande y sonriente:

- ¿En qué le puedo ayudar?

- Disculpe la molestia señora, pero es que hace un rato vi ese árbol que está allá atrás, que por cierto que está muy bonito. Soy fotógrafa y pues quiero saber a quién le puedo pedir permiso para tomar algunas impresiones.

La mujer cambió la expresión de su rostro, por completo de trastorno en miedo.

- Usted ya entró ahí, ya tocó ese árbol, ya piso su pasto. ¡Usted ya está maldita, váyase de mi casa, largo de aquí!

- Pero, señora, cálmese, ¿qué le pasa? ¿Por qué me dice eso? Lo único que yo quiero saber es a quién le puedo pedir permiso para tomar algunas fotos.

- ¡Pídale permiso al diablo y no vuelva jamás por aquí!

- ¿Qué no entiende, señora? ¿De quién es esa propiedad? Lo único que le pido es información, no le quiero hacer daño. ¡Señora!, ¡Señora!

Y ya no abrió más la puerta. Derrotada decidí regresar a mi auto pero no me pude contener y tome fotos, muchas, muchísimas fotos, era un árbol hermoso, fantástico, hasta parecía artificial. Me extrañó mucho que la gente pasaba y yo pensé que me iban a decir algo, pero no, parecía que no existía ni yo, ni el árbol. Entonces vi sus frutos y sin pensarlo arranque tres, eran un mango, una manzana y una naranja. Sorprendente el que además diese frutos tan diversos, era algo extraordinario, material para un buen artículo.

Al llegar a mi casa acomodé los frutos en una canasta, se distinguían, brillaban como si fueran artificiales. Me dispuse a escribir mi artículo y en poco tiempo comenzó la tormenta de todas las noches, pero estaba cansada, decidí mejor acostarme y continuar al día siguiente. Al amanecer se percibía un olor fétido a podrido y horrible, algo parecido a un animal muerto e incluso me dieron ganas de vomitar y lo peor del caso es que venía de mi cocina Para mi asombro, los frutos que corté del árbol estaban podridos y tenían gusanos, y supuse que por eso las personas no consumían sus frutos, pues eran de poca duración. Lo sorprendente era la rapidez con que se producía el efecto de putrefacción, era un caso para la ciencia, de todas maneras seguía siendo sorprendente. Poco después de hacer la limpieza recibí la llamada de Evelyn, la madre de Ernesto.

- Hola, Evelyn. ¿Cómo estás?

- Bien gracias, y espero que tú también, te llamo para informarte que Ernesto va progresando en su recuperación. Le pregunté al doctor que si era prudente que lo visitaras, porque pregunta mucho por ti, y me dijo que no había ningún problema, que hasta podría ayudarle a aceptar su realidad.

- Evelyn, de verdad que yo estoy en la mejor disposición de ayudar, pero no creo que sea muy buena idea, apenas estoy rearmando mi vida y no quiero revivir situaciones del pasado.

- Lo entiendo y tienes toda la razón, pero de todos modos tenía que avisarte de su mejoría, en un mensaje te mando la dirección del hospital donde está, puedes visitarlo cuando quieras. A él le va a dar mucho gusto verte.

- Sí, Evelyn, gracias por avisarme.

A pesar de todo eran buenas noticias, la recuperación de Ernesto era algo positivo y mi sentimiento de culpa iba disminuyendo y consideré ir a visitarlo en mi próxima llegada a la ciudad. Terminé mis labores domésticas, encendí mi computadora para bajar las fotos que había tomado del árbol, y en eso volvió a sonar mi teléfono, era Claudia.

- Hola, Claudia, ¿cómo estás?

- Bien, gracias, extrañándote porque desde que tienes tu nuevo hogar ya casi no nos vemos, ¿cuándo vas a venir?

- Pues mira, la verdad es que aquí estoy viviendo muy tranquila y no extraño para nada la ciudad, de verdad este lugar es muy acogedor, entre otras cosas, ideal para mí; pero sí tengo que ir a la ciudad a resolver unos asuntos, ir al antiguo departamento para recoger algunas cosas que dejó Evelyn y entregar las llaves, quien me dijo que afortunadamente Ernesto está mejorando y estoy pensando en visitarlo. Además me llegó un mail, para ir a la Editorial para platicar de un proyecto pendiente y pues también visitarte a ti.

- Ok me parece muy bien, amiga, ¿cuándo va a ser eso?

- Yo creo que hasta mañana en la mañana, porque ahorita tengo algunos pendientes aquí, pero es seguro que voy.

- Muy bien, entonces me avisas para ponernos de acuerdo, cuídate, hasta mañana.

- Hasta mañana.

Y me dispuse a bajar las fotos que había tomado del majestuoso árbol a mi computadora y cada vez me asombraba más. Sí que era hermoso y no me conformaba sólo con unas fotos, quería averiguar más. ¿Quién es el dueño del terreno? ¿Cuánto tiempo tiene ese árbol de estar plantado ahí y de que clase es? ¿Quién le da mantenimiento apropiado? En fin, muchas preguntas, así que dirigí a la oficina del registro público de la propiedad del ayuntamiento.

Llegando me dieron informes y llegué a la oficina correspondiente y me atendió un señor algo maduro.

- Señor, buenos días, quisiera saber a quién pertenece un terreno de esta alcaldía.

- Sí, claro que sí, ¿tiene la dirección?

- No exactamente pero sé que este es un poblado chico y en cuanto le diga la va a identificar; es un terreno que esta como a unos cien metros de la entrada principal al pueblo, y enfrente hay unas casas deshabitadas, y en el centro tiene un hermoso árbol muy bien cuidado. Lo que sucede, señor, es que soy reportera y me llamó mucho la atención y pues quiero pedir permiso para hacer un artículo y tomar algunas fotos.

- Ah sí, ya sé a qué terreno se refiere, no es usted la primera que pregunta, de hecho han venido con la intención de comprarlo, piden informes y ya no regresan, pero no aparece el propietario y la verdad eso es intrigante. De hecho ya era para que se hubiera expropiado, pero la verdad es que pareciera que no existe.

- Pero no me explico, el árbol está muy bien cuidado, tiene el pasto podado y de hecho da varios frutos.

- Lo más seguro es que un vecino lo mantenga. He pasado por ahí, pero la verdad es que nunca lo he visto, es que casi no salgo del pueblo porque vivo aquí cerca.

- Bueno, pues entonces no habiendo dueño puedo escribir y tomar fotos sin problema.

- Sí, la verdad yo creo que no tiene de qué preocuparse, y si le llegan a molestar pues avíseme y yo les digo que usted vino por informes.

- Muchas gracias, señor, ¿me da sus datos por cualquier situación?

- Claro que sí, le doy mi tarjeta, aquí están mis datos, que tenga buena tarde.

- Gracias, igualmente.

No era muy tarde y decidí pasar a visitar a Ernesto y así tendría más tiempo para hacer más cosas mañana, al fin que el hospital no estaba muy lejos. Llegando pasé directamente con el siquiatra para preguntar por su avance.

- No se preocupe, va mejorando. Pase con la enfermera, ella lo va a llevar con él.

- Sí, lo que me preocupa en si es que no sé si le vaya a hacer algún daño verme.

- Ya la dije que no tenga cuidado; al contrario, le va a ayudar.

Pasé todos los cercos de seguridad, y la enfermera me lo señaló, de hecho aunque estaba de espaldas lo reconocí de inmediato, pero dudé mucho en acercarme. Me decidí y le toqué el hombro. Al verme, me abrazó muy fuerte y no me soltaba, me estaba espantando, y por fin me soltó, entonces nos sentamos en una mesa y comenzamos a platicar. Le dije:

- Hola, cómo estás, te veo muy bien.

- ¿Si. Verdad? Ya tenía ganas de verte, y de pedirte perdón por todo el daño que te hice.

- No te preocupes, lo mejor es haberte internado, vas a ver que pronto vas a salir de aquí y ya no vas a regresar, y vas reconstruir tu vida, para mí esa es la mejor disculpa que me puedes pedir.

- Ya lo creo, de verdad. He hecho algunos amigos, y aunque la comida es horrible, es comida. ¡Ja ja!

Y platicamos de varias cosas, de su rutina de las terapias, y también le platiqué de mi nuevo hogar y por fin decidí despedirme.

- Ya me voy, cuídate mucho y sigue con esa buena actitud.

- Si entiendo - y me volvió a abrazar fuerte-, hasta luego y no dejes de visitarme.

Y me volvió a abrazar fuerte

- Te prometo que sí.

Me dirigí hacia la salida y no sé por qué miré hacia atrás, fue como por inercia y lo vi sentado de espaldas pero con la cabeza agachada, mas no hice caso y me retiré. Me fui a mi casa, y cuando iba llegando al pueblo comenzó a llover muy fuerte, caían rayos y truenos. Al entrar quise ver al árbol, pero ya no era ese árbol, era otro. Me regresé y quise bajar a verlo, porque me intrigó, pero había olvidado mi paraguas y no quería mojarme, lo que pensé es que le había caído un trueno y mejor pensé en verlo en la mañana.

Casi nunca se me hace tarde, pero casualmente así fue, y me apresuré porque tenía que ver al árbol antes de dirigirme a la ciudad; pero al llegar a la salida me encontré con que estaba bloqueada por la policía.

- Perdone, oficial, ¿qué sucede, por qué no podemos pasar? Necesitamos salir.

- Disculpe, señora, lo que sucede es que anoche hubo un accidente muy aparatoso y ahorita se está haciendo lo pertinente, y si no le molesta avance hacia la desviación porque está provocando tráfico.

- Sí, oficial, gracias, por la información.

Y pues no queriendo me fui a la desviación y me dirigí a la ciudad. Fui primero a la editorial y ahí estuve en la junta. Nunca me impaciento aunque se tarden los jefes, pero en este caso sí, tenía la curiosidad de ver el árbol, pero aún tenía varias cosas que hacer.

Fui al edificio a recoger las cosas que dejó Evelyn. No eran muchas, pero tenía que dejar el departamento vacío, además de entregar las llaves, sólo que el portero había salido, y quise dejarlas con la vecina, pero tampoco estaba. Le hablé al dueño y me dijo que no había problema, que tenía una copia y que me tenía confianza, que luego se las pasará.

En ese momento ya era tarde, y Claudia quería que nos viéramos:

- ¿Entonces qué, amiga, en dónde quieres ir a comer?

- ¿Qué crees? Dejé algunas cosas urgentes en la casa y no te puedo ver, ¿lo podemos dejar para mañana?

- Me parece bien. De hecho pensaba en ir a visitarte, ¿cómo ves?

- Eso está mejor, está bien mañana. Llegas a mi casa y vamos a comer a un lugar muy bonito que hay en el centro del pueblo.

- De acuerdo, entonces hasta mañana.

- Hasta mañana.

(Continuará…)

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