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Ciudad de México Año VIII Número LXXXVI Diciembre 2019

 

Balada para un loco
De Piazzola y Ferrer, 50 años
José Luis Barrera

La locura es una manera de evadirse de la realidad cuando ésta es ya insoportable; es huir, retirarse a buen tiempo; es una honrosa retirada del campo de batalla que es la vida. Una alegría irracional es una locura, porque ¿qué loco ríe en medio de tanta penuria? Ya decía la locura, a la que le dio voz Erasmo de Rotterdam: “…soy la que poseo el secreto de distraer a los dioses y a los hombres. Pruébalo claramente que, apenas me he presentado en medio de esta numerosa asamblea para tomar la palabra, una alegría viva y extraordinaria ha brillado en todos los rostros”.

La insania ha sido siempre un misterio para quienes creen poseer la cordura, es difícil comprenderla pero aun así genera una ferviente atracción. A fin de cuentas, muchos han sido catalogados de locos por pensar distinto, por actuar de manera poco ortodoxa, o por ir en contra de las normas sociales, siendo entonces una rebelión contra el convencionalismo.

En 1969, un par de artistas que ya habían trabajado en conjunto desde dos años atrás, el argentino Astor Piazzola y el uruguayo Horacio Ferrer, decidieron componer una canción inspirada en la película Rey de corazones (Le roi de Coeur), dirigida por Phillippe de Broca y protagonizada por Alan Bates, en la cual una pequeña ciudad francesa a finales de la Primera Guerra Mundial (cuando se retira el ejército alemán), es tomada por enfermos mentales que escapan de su asilo y se hacen cargo de la ciudad abandonada.

Para el segundo semestre este año, Ferrer le llevó a Piazzola una frase para tratar de armar la canción: “Ya sé que estoy piantao” (este es un término lunfardo del argot rioplatense, muy común en Buenos Aires y Montevideo, que significa “enajenado”, “loco”). Pero era sólo una frase ¿cómo se iba a seguir el proyecto de canción? Esa era parte de su loca aventura artística, y al final decidieron hacer un tango con nombre de balada y a ritmo de vals, que estaba hecha a la medida de Amelita Baltar, por entonces esposa de Piazzola.

La Balada para un loco fue estrenada de inmediato, pero poco después Piazzola, Ferrer y Baltar deciden presentarla para concursar en el Primer Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción que se realizó en el Luna Park de Buenos Aires, del 9 al 14 de octubre de 1969, con un jurado de alto nivel internacional integrado por Vinicius de Moraes y Chabuca Granda, entre otros. La canción tuvo una gran acogida por parte del jurado, declarándola finalista en el rubro de tango. Pero esta decisión generó controversia entre los organizadores, quienes en su mayoría eran tradicionalistas y decidieron cambiar las reglas del festival, desplazando al jurado de músicos por un jurado popular que en la final del 14 de octubre declaró ganadora a otra canción (de cuyo nombre no quiero acordarme), dejando en segundo lugar a la que para el jurado de músicos era la favorita.

La propia Amelita Baltar nos cuenta su experiencia durante la presentación del tango en el festival:
“Mientras cantaba el tema, en las rondas preliminares me gritaban: ‘hija de perra’ y cosas por el estilo. Incluso se me hacía difícil escucharme a causa de los gritos y los insultos. Lo del voto de público tuvo que ver, según me dijeron, con los intereses de una grabadora y con lo que habían pagado a los organizadores. Y hubo presiones también de poetas de izquierda, que azuzaban al público y decían que no había que votar a la “Balada” porque era un tango oligarca, que hablaba de Callao y Arenales”.

Cabe mencionar que Callao y Arenales son dos calles que llevan a barrios adinerados de Buenos Aires, y por ello era la crítica.

La canción comienza con una fabulosa melodía lenta a ritmo de vals, con un toque psicodélico ejecutado por el piano, sobre el que la cantante recita unos versos que comienzan con la frase evocadora de:

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese, qué se yo ¿viste?

Un aparente narrador en segunda persona, se dirige al oyente, para volverse narrador en primera persona y empezar a hablar de sí mismo:

De repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo.

Entonces viene su propia y excéntrica descripción:

Mezcla rara del penúltimo linyera
y del primer polizonte en un viaje a Venus.
Medio melón en la cabeza,
las rayas de la camisa
pintadas en la piel, dos
medias suelas clavadas en
los pies, y una banderita de
taxi libre levantada en cada
mano.

El personaje está hablando con una mujer haciéndola reír, hasta que de pronto se quita el medio melón de la cabeza como señal de galanteo y le regala una banderita, comenzando, entonces, con los versos más famosos de la canción:

¿No ves que estoy piantao,
piantao, piantao?
¿No ves que va la luna
rodando por Callao?

El loco no sólo le propone a la mujer quererlo, sino que la convida a compartir su locura y vivir como en las películas: “felices para siempre”, si es que en verdad la locura procura una felicidad infinita.

A diferencia de la primera parte que recita el intérprete, en donde el loco está seduciendo a la mujer, en la segunda, aparentemente ésta ya comparte su locura, o al menos eso nos hace creer el narrador (aunque no sabemos a ciencia cierta si es realidad o una realidad alterna de su trastocada mente). Pero lo importante es que de alguna manera consigue su propósito, sea imaginario o no. Lo cierto es que una vez conquistada pasan por el manicomio, en donde son ovacionados por los locos allí recluidos (he aquí la mayor remembranza de la película Le roi de Coeur, que motivó a estos dos artistas a realizar esta canción: cuando el personaje central, Charles Plumpick es coronado por los locos como Rey de Corazones con pompa surrealista).

Amelita Baltar, la primer intérprete de Balada para un loco, deja en claro el alcance que iba a tener esta canción, cuando nos cuenta sus reflexiones sobre los hechos ocurridos durante el festival en que concursó:
“Quizás en aquel día histórico del concurso no ganamos el cheque, pero el tema quedó para siempre en la gente. Todos lo cantan. Son frases que quedaron y me las repiten cuando voy por la calle”.

Y tiene razón Baltar, pues el tema ha sido incluido entre las cien mejores canciones latinas de la historia. El cruce de la avenida Corrientes y Avenida Callao de Buenos Aires lleva el nombre de “Esquina Horacio Ferrer”, debido al conocido verso de la canción, y que fue motivo de crítica infundada para que saliera del gusto popular.

En fin, un tema inspirado en la locura, que genera rechazo de igual manera que misterio, no podía pasar desapercibido, como nunca podrá pasar desapercibida esta crítica protagonista de Erasmo de Rotterdam. Es sin duda un tango moderno icónico en Argentina y una herencia artística de invaluable valor para la música universal.

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