Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VIII Número LXXXVII Enero 2020

 

El árbol maldito

(Segunda parte)


Beatriz Oliva Pérez Peña

Ya estaba ansiosa por llegar a ver al árbol, pero afortunadamente no estaba bloqueado, todavía era de día y podría tomar algunas fotos y compararlas. Y al llegar al árbol, mi sorpresa es que estaba igual de hermoso que antes, no podría creer lo que pasó, no tenía otra explicación más la de que había alucinado; no había otra razón, y me bajé a tomar más fotos, y en eso empezó a llover y fui por mi impermeable, pero en cuestión de segundos ya estaba yo en medio de una tormenta.

De nuevo rayos y truenos al por mayor, el agua caía a cántaros pero no me importó; saqué mi cámara y cuando me disponía a tomar la foto, ya no era el árbol, era el de la noche pasada. ¿Qué sucedió? No me quise quedar con las ganas y me acerqué para verlo.
Este no era el mismo lugar, el pasto estaba crecido, olía a hierba podrida, y cuanto más me acercaba, más me sorprendía, porque corrían ratas alrededor del árbol, el cual no tenía hojas, estaba pelón, y había arañas en los troncos y también serpientes. ¡No podía ser! ¿Qué pasó o qué me pasó?
En eso, cayó un rayo muy fuerte que hizo que se alumbrara el árbol; al hacerlo, vi a un hombre ahorcado que colgaba del árbol y me espante aún más. Seguía lloviendo, y seguían cayendo truenos, y no me pude resistir y me acerqué hasta el hombre y descubrí que era Ernesto. Después ya no supe de mí hasta el otro día. Amanecí en una cama de hospital.
- ¿Qué pasó?
Se acercó una enfermera:
- Buenos días, señora, ¿cómo se siente?
- ¿Qué hago aquí, qué me pasó?

- La encontraron en la mañana tirada junto a un árbol que está en la entrada del pueblo, desmayada; su auto estaba abierto y tenía una cámara en las manos. ¿No sabe qué le pasó?
- No sé, lo más seguro es que me desmayé. Pero tuve un sueño, más bien una pesadilla muy real, ¡qué cosa más extraña! Pero ¿cree que ya me pueda ir?
- Sí, nada más le tomo los signos vitales y ya. Tenga mucho cuidado con lo que come, lo más seguro es que fue algún alucinógeno que luego tienen los alimentos.
- Quizá es lo más seguro. Muchas gracias, señorita.
- Ya chequé sus signos y está bien, nada más tiene un poco baja la presión. Llegué a desayunar, le informo que su auto está en el estacionamiento del hospital, ahí pusimos su cámara. Tenga sus llaves.
- Gracias, señorita.
No puede ser, ¿qué me pasaría? Nunca había tenido esos desmayos. Llegué a mi casa y al entrar sonó mi celular.
- Hola, Evelyn. ¿Cómo estás?
- Mal, muy mal, te tengo pésimas noticias.
- ¿Qué ocurre?
- Ayer en la noche se suicidó Ernesto, ser ahorcó en la regadera.
- ¡No, no, no, no puede ser! ¡No puede ser! ¿Por qué, si iba progresando mucho?
- Pues sí, pero ya ves que también estaba muy enfermo, sus hermanos y yo ya estamos preparando el funeral, ojalá puedas asistir. Te mando la dirección por mensaje.
- Sí.
Y colgué, estaba aterrada, probablemente fue una premonición, por eso tuve esa visión. Tenía que ir al funeral, me bañe, me vestí de negro y me fui a la ciudad. Cuando pasé por el árbol no lo quise ver, me seguí de largo, pero aún tenía la curiosidad de saber lo que había pasado.
Llegue al velatorio y nada más di el pésame a Evelyn, a sus hermanos y familiares. Estuve unas dos horas, la verdad no quise quedarme, estaba impactada y triste también, fue mi esposo por varios años.
Al salir de la funeraria me acordé que había quedado de verme con Claudia en mi casa para ir a comer, le tenía que explicar lo que había sucedido. Le marqué a su celular pero no me contestó, entonces volví al pueblo. Al llegar a la entrada, poco antes de donde el árbol me frené; pero no, tenía que verlo de nuevo, así que seguí avanzando. Cuando llegué, la señora a la que le había preguntado la otra vez por la propiedad estaba tratando de cortarlo con un hacha, con fuerza y coraje. Me frené y bajé para acercarme.
- Señora, ¿qué le pasa, por qué está tratando de quitar ese árbol?
- Este árbol esta maldito, mi hijo pasó por aquí y lo mató.
- Pero señora, cómo un árbol va a matar a su hijo, cómo cree
- ¡Este árbol tiene una maldición, quien come de su fruto se muere, los asesina! Antenoche mi hijo se estrelló aquí!, una de sus ramas le atravesó el cuerpo, además de caerle otra en la cabeza. ¡Está maldito, lo voy a destruir!
Cuando vi las manos de la señora ya estaban sangrando de tanto esfuerzo que había hecho con el hacha y el árbol no tenía ni un rasguño, dirigí la mirada a su casa y estaba la puerta abierta.
- Señora, tenga calma.
Ella tiro él hacha, se hincó en el suelo y comenzó a llorar amargamente. Se puso las manos en la cara y se manchó de sangre, se vio muy impresionante.
La levanté y la llevé a su casa. Le hice un té, pero la pobre mujer no dejaba de llorar. Me fui a mi auto, tenía que llegar a mi casa porque de seguro Claudia ya estaba ahí. En eso, sin esperarlo, comenzó a llover. No era tan tarde, pero el cielo se obscureció, y como la otra vez en cuestión de segundos empezó la tormenta. Ya no me importó mojarme.
Estaba a punto de llegar cuando mire hacia el árbol. Estaba igual que anteriormente, pero no me importó. Ya no sabía qué pensar, lo más seguro es que me estaba volviendo loca. Di dos pasos y un auto se derrapó por la lluvia y se estrelló en el árbol. Se oyó un fuerte quejido y me acerqué para ver al conductor y auxiliarlo. ¡Era Claudia!
- ¡Ayúdame, por favor!
- ¡Claudia, Claudia!.¡Espera, voy a pedir ayuda!
Fui por mi teléfono, llamé a la ambulancia y me volví a acercar a Claudia, pero ya había muerto. Vi hacia el árbol y le empecé a gritar como si fuera una persona:
- ¡Estás maldito, maldito! ¿Por qué te llevas a mis seres queridos? ¡Llévame a mí, yo fui quien arrancó tus frutos! ¡Yo, no ellos!
Y lo empecé a patear, y a pegar, y me caí al suelo y me puse a llorar.
En eso llegó la ambulancia y me preguntaron qué había pasado, les expliqué todo detalladamente.
- Señora, está usted en shock tómese esta pastilla para que se tranquilice.
- ¿Qué no entiende? ¡Era mi amiga, me iba a visitar y se estrelló en ese maldito árbol!
- Calma, señora, calma.
- Es increíble, dos personas muertas casi el mismo día. ¿Qué pasa? Probablemente la maldita era yo, jamás debí de haberme acercado a ese árbol, a este pueblo, por eso la fruta se pudrió, debí imaginármelo. Es verdad, está maldito.
- Ya, señora, está hablando barbaridades, está muy impresionada.
- No, es verdad, no se acerquen, aléjense de ahí, se pueden matar, los puede matar el árbol.
En eso me desmayé, y cuando desperté estaba de nuevo en la cama de un hospital, conectada a un suero. En eso vi a mi jefe que estaba junto a mí, sentado en una silla. Yo apenas podía hablar, y cuando vio que me desperté se acercó hacía mí.

- ¡No, jefe, no me toque, no lo quiero maldecir, no se acerque!
- No, Ana, cómo crees, ya llevas tres días aquí, te tuvieron que poner suero porque ya llevabas dos días sin comer. Qué bueno que ya despertaste. No tienes ninguna maldición, a Claudia le fallaron los frenos y con la lluvia se derrapó y por eso chocó. Y en cuanto a tu ex esposo, era suicida y si no atentaba contra su vida un día, lo haría en otro.
- No es verdad, no, no, de todos modos aléjese. Me tengo que ir a vivir a otro lado, ya no voy a regresar, ya no voy a volver a ese lugar. Pobre Claudia, no se merecía morir así, y ni siquiera pude ir a darle su último adiós.
- Me da pena que creas en esas cosas, tú que eres tan escéptica, tan sensata y razonable. Según sé estabas muy contenta en tu casita de ese pueblito.
- Sí, pero desde que llegué ahí me han pasado cosas malas, y todo por ese maldito árbol, en mala hora intenté escribir un artículo sobre eso.
- Pues yo no puedo obligarte a que vuelvas allá, pero siento que estas cometiendo un error.
- Error sería regresar, ya no voy a volver.
- Bueno, pues nada más te dejé tu cámara en tu auto, que está en la pensión de acá enfrente. Y aunque yo sé que le agarraste tirria al árbol, me gustaría ver las fotos que le tomaste, por favor.
- Cuando le tome las fotos creí que el árbol era de admirarse. Apenas me den de alta, de inmediato le llevo la cámara a la editorial.
- Te voy a mandar a mi secretaria para que te ayude en lo que necesites.
- No, no es necesario, yo puedo hacerlo sin ayuda, de verdad.
- Está bien, como quieras, te veo mañana.
La enfermera me llevó mi bolsa, y cuando la abrí, vi que ahí seguían las llaves del departamento, y aunque viví en él muy malos momentos, era una buena opción para mudarme.
- Una señora de nombre Evelyn le trajo esta ropa para que se cambiara, de hecho vino hace un día, y me dijo que le comentara que no se preocupara por nada.
- Sí, señorita, muchas gracias. ¿Ya me puedo ir?
- Ya está dada de alta, por favor cuídese mucho y coma bien.
Al salir, me dirigí directamente a la editorial a dejar la cámara. Llegué con el jefe de fotografía y le di la memoria para que bajara las fotos del árbol y se las mostrara al jefe y entonces me dijo:
- Hola Ana, ¿a qué dices que le tomaste fotos, y a qué hora?
- A un árbol, como al medio día.
- Pues aquí no están, sólo hay las de unas ramas grises y es en la noche. ¿Estás segura de que esta es la memoria?
En eso moví su monitor hacia mí y efectivamente estaban las fotos del árbol, pero eran las del árbol maldito en la noche. Era increíble, cada vez me convencía de que eso era algo paranormal, que era algo maligno.
- No puede ser, no puede ser, esas no son las fotos que yo tomé, ya estoy harta, esto está llegando al límite.
- Pues esto no se puede publicar, pero si quieres se las muestro al jefe, que no sé qué te vaya a decir, porque como que no están muy bonitas, entonces… ¡Hey, hey, oye, oye, ¿adónde vas?
Me salí abruptamente de la editorial y me subí a mi auto, ya estaba decidido, me iría a vivir al antiguo departamento y ya jamás regresaría al pueblo, ni siquiera por mis cosas.
Me iba acercando al edificio y vi mucho movimiento: bomberos, patrullas ambulancias, algo había pasado. Me estacioné, y le pregunté a un policía:
- ¿Qué pasó, señor, por qué hay tanto movimiento?
- Es que explotó un tanque de gas en un departamento y el incendio se extendió a todo el edificio. Por desgracia hay muchos fallecidos.
- ¿Y qué edificio es?
- Es el que está en la esquina de esta calle.
- ¡ Es donde yo vivía!
- Ay, señora, qué pena. ¿Tenía algún familiar ahí?
- No, pero les tenía aprecio a mis vecinos. ¡Ya es demasiado!

Me fui caminando muy despacio a mi coche, como zombi. Me senté y me puse a pensar que ya era mucho, no podía permitir que la gente que estuviera cerca de mí muriera trágicamente, y todo por ese maldito árbol; me fui a una gasolinera y llené un tambo que siempre traigo por cualquier emergencia. Estaba yo muy enojada. Todavía no anochecía, eran como las cinco de la tarde y me dirigí al pueblo a terminar con todo eso.
Llegué y ahí estaba el árbol de hipócrita, luciendo hermoso. Yo sabía que apenas oscureciera sería todo lo contrario, sus ramas simularían manos picudas queriéndome atrapar, las alimañas rodearían su tronco; habría ratas, arañas, serpientes, y el pasto crecido apestaría a podrido Pero no lo iba a permitir, lo rocié con gasolina completamente; tomé una estopa y la encendí, y se la aventé. Temía que no le pasara nada, pero no fue así, se prendió y comenzó a arder y se escuchaba como si alguien se lamentara, eran gritos, no era mi imaginación, se oían lamentos.

Me subí a mi auto y vi cómo el árbol se consumía poco a poco, Por primera vez me dio gusto ver arder algo, hasta pensé que era un glorioso espectáculo, y no me dio miedo el pensar que se podría extender hasta donde yo estaba. Total, si yo moría ya no habría más muertes. No sé si llovió o no, pero sé que me quede dormida. Descanse plácidamente, como ya hacía días que no lo hacía.

Desperté al otro día, eran las ocho de la mañana y como siempre el día era hermoso. Tuve miedo de volverme a ver el árbol, pensando que ahí estaría de nuevo sin un rasguño; pero no fue así, afortunadamente solo estaban sus cenizas. Qué hice para que no renaciera su maldad, no lo sé, pero lo logré.

En eso me tocaron la ventanilla, de hecho me espantaron y vi que era la señora que auxilié, baje el vidrió y le pregunté:
- ¿Que tal, señora, en qué la puedo ayudar?
—Ya me ayudaste mucho, solo vengo a darte las gracias, por fin nos libramos de esta pesadilla.
- Señora, espere, ¿usted sabe por qué ese árbol causaba tanto daño? ¿Qué pasó que…
Y me interrumpió.
- Créeme, es mejor que no lo sepas, te aterrorizarías más de todo lo que has visto: El mal ya se consumió gracias a ti.
Y se retiró. Me quedé satisfecha, ya no quise saber más. Encendí mi auto y tomé un camino incierto, y que el destino me llevara lejos, muy lejos, donde no hubiera árboles.

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