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Ciudad de México Año VIII Número LXXXVII Enero 2020

 

Federico Fellini
(1920 - 1993)

José Luis Barrera

Existen dos tipos de cine: el que sirve para distraer y el que sirve para pensar, y aunque no me niego a ver las películas que sólo propician distracción, mi gusto mayor está sin duda en las películas, incluso cómicas, que dejan algo para reflexionar y seguir rememorando en la mente. Y ahora que comenzamos otra década, me corresponde hablar de un director de cine que para muchos es incomprensible y para otros, un director genial (incluidos los snobistas que sólo les gusta fanfarronear). Hablo de Federico Fellini, quien en este mes conmemoraría sus cien años de nacido.

Originario de Rímini, en la región de Emilia-Romaña, nació el 20 de enero de 1920, en el seno de una familia de clase media. Sus padres fueron Ida Barbiana, la típica ama de casa de aquellos años, y su padre Urbano Fellini, un representante de licor, dulces y comestibles. Federico fue el mayor de tres hijos, y de acuerdo a lo que declaró de manera constante en las entrevistas, se fugó de su casa paterna a los ocho años para unirse al circo. Desde su infancia mostró vivo interés por las películas de Chaplin y los cómics humorísticos norteamericanos que años después influyeron en su obra, lo cual también admitió en diversas ocasiones.

Federico estudió en el Liceo Classico Giulio Cesare, donde descubrió su talento para el dibujo; sentía admiración por el dibujante estadounidense Winsor McCay, creador del personaje de cómic Little Nemo. Su talento como caricaturista le consiguió un empleo en el Cine Fulgor, cuyo promotor le encarga los retratos de los actores para anunciar las películas. En 1938 comienza a publicar viñetas en el periódico y en la revista humorística "420” de Florencia y también en La Domenica del Corriere.

En 1941 tiene breve un paso como escritor para la Ente Italiano Audizioni Radiofoniche (EIAR). La etapa de Fellini en la radio marca el debut del maestro en el mundo del espectáculo y el inicio de la relación afectiva y artística con Giulietta Masina, con quien contrajo matrimonio en octubre de 1943. El 22 de marzo de 1945 tuvieron un hijo, Pier Federico, que falleció tan sólo doce días después de su nacimiento.

Durante la etapa del neorrealismo, en 1945 se produce el primer encuentro de Fellini con Roberto Rossellini y comenzó su contribución a la película más representativa del cine italiano de posguerra: Roma città aperta (“Roma ciudad abierta”) de 1945. Fellini también escribió guiones para otros directores reconocidos como Alberto Lattuada, Pietro Germi y Luigi Comencini entre otros.

Después de colaborar en los guiones de algunos films de Rossellini: Paisà (“Camarada”, 1946) y L'amore (“El amor”, 1948); y debutar en la dirección junto a Alberto Lattuada con Luci del varietà (“Luces de variedades”. 1950), realiza en 1951 su primera película en solitario:

Lo sceicco bianco (“El jeque blanco”), protagonizada por el cómico Alberto Sordi y escrita por Michelangelo Antonioni y Ennio Flaiano. Durante el rodaje de esta comedia entre satírica y burlesca, con presencia de notas del neorrealismo imperante en la época, Fellini conoció a Nino Rota, el músico que lo seguiría por el resto de su carrera. Además, en esta película se pueden distinguir en cierne los futuros temas recurrentes del genio felliniano: la gran urbe trepidante y las turbas remolinantes y disfrazadas, la playa, la sátira del conformismo social y religioso, etc.

La película trata de una joven pareja de recién casados (Iván y Wanda) que llegan a Roma con la intención de conseguir la bendición del papa Pio XII, pero Wanda decide ir en busca del “Jeque Blanco”; un personaje de fotonovela a semejanza de Rodolfo Valentino, aprovechando la cercanía del hostal donde se hospedan con las oficinas de la editorial que publica la revista; pero como el protagonista en ese momento se encuentra trabajando a orillas del mar, Wanda va a encontrarlo. Su entrevista con el famoso “Jeque Blanco” va resultar algo más que decepcionante, y mientras tanto en Roma, Iván desesperado trata de hallar pretextos para ocultar a su familia la desaparición de Wanda y aplazar la audiencia con el papa. Wanda a 40 kilómetros de Roma e Iván en una frenética búsqueda en una urbe bulliciosa, en pleno desfile de bersaglieri (cuerpo de infantería del ejército italiano), llegando hasta la noche cuando en la calle aparecen mujeres que inducen a la tentación. En tanto Wanda, extenuada, se acerca al Tiber como último recurso. Aquí aparece un cameo de Giulietta Masina, interpretando el breve papel de Cabiria, una prostituta de gran corazón que después sería la protagonista de su propia película en 1957: Le notti di Cabiria (“Las noches de Cabiria”).

Así como Giulietta Masina se convirtió en su musa absoluta y en el personaje físico y sobre todo emocional que fascinó al público de medio mundo en títulos dorados del cine italiano, otro actor que aparece constantemente en sus filmes es Marcello Mastroianni, quien estudiaba interpretación en la misma escuela que Massina, y que fue gran amigo del director. De hecho, Mastroianni aparece en algunas de sus películas más importantes, siempre interpretando el papel principal (entre ellas “La Dolce Vita” y “Ocho y medio”). Fellini trabajó también con actores como Anita Ekberg, a quien lanzó a la fama, Sandra Milo, los ya citados Sordi y Fabrizi, Anouk Aimée, Claudia Cardinale, Richard Basehart, Sylva Koscina, Freddie Jones y Roberto Benigni.

Vendría después, en 1954, una de sus más famosas películas y que le abrió las puertas a la fama internacional y premiada con el Oscar por mejor película de habla no inglesa, así como el León de Plata de Venecia: La strada es una producción de Dino De Laurentiis y Carlo Ponti. Esta película trata de una joven que, trabajando para un artista ambulante muere, y su madre toma a su otra hija Gelsomina (una genial Giulietta Masina) para venderla al mismo artista Zampanò (Anthony Quinn). Pese al carácter violento de Zampanò, la muchacha se siente atraída por el estilo de vida en la calle (la strada), sobre todo cuando su dueño la incluye como parte del espectáculo. Pero pese a que ella aprende rápidamente el oficio de artista y demuestra gran talento, no se siente apreciada por Zampanò y en un momento decide abandonarlo y volver a casa. Sin embargo Zampanó la encuentra y la obliga a regresar con él. Entonces deciden trabajar en un circo itinerante, donde Zampanò tendrá problemas con el bufón (Richard Basehart) a quién conoce de tiempo atrás. En una pelea entre ambos, Zampanò hiere al bufón con un cuchillo y es detenido. Mientras Zampanò se encuentra en la cárcel, Gelsomina aprende la importancia de tener un propósito en la vida y aunque varios de los personajes que se encuentra por el camino le ofrecen que se una a ellos, Gelsomina demostrará su lealtad a Zampanò hasta el final.

Vendrían algunas otras geniales películas y en 1960, filma la película que marca su encumbramiento definitivo, y que además marca el alejamiento del corte neorrealista de sus anteriores películas, y su coqueteo con el simbolismo: La dolce vita es una película carente de una estructura tradicional en su trama, muestra una serie de noches y mañanas a lo largo de la Via Veneto de Roma, vistos desde el punto de vista de su personaje principal, un escritor de crónicas sociales llamado Marcelo Rubini. La película puede ser dividida en un prólogo y siete episodios principales, cortados por un intermedio y un epílogo. Rubini es un galán mujeriego que no puede ocultar su vicio por las mujeres, lo cual se denota desde el prólogo, cuando él se distrae de su trabajo de reportero para intentar hacer contacto con un grupo de mujeres en traje de baño, de quienes intenta conseguir su número telefónico. Pero tal vez el más famoso es el episodio dos, cuando aparece Anita Ekberg interpretando a una famosa actriz de nombre Sylvia, y con la que Marcelo; después de una discusión de ella con su novio, se pasa toda una noche paseando por los callejones de Roma, culminando con la famosa escena en la que ambos personajes se bañan en las aguas de la Fontana de Trevi. Pero no sólo esta escena ha trascendido al tiempo, ya que el personaje interpretado por Walter Santesso, de nombre Paparazzo, quien es el fotógrafo que acompaña Rubini, da el nombre a los actuales fotógrafos faranduleros que andan por el mundo en busca de una foto que resulte valiosa en este medio fútil.

La película se estrenó en el Festival de Cine de Cannes donde fue galardonada con la Palma de Oro de 1960 y en los Premios Óscar de 1960 se hizo con el Óscar al mejor diseño de vestuario (obra del director artístico Piero Gherardi) y fue candidata a los premios a la mejor dirección, al mejor guión original y a la mejor dirección artística.
Entre las muchas anécdotas de la película está aquella noche del 5 de noviembre de 1958, en una fiesta en la que estaba presente Anita Ekberg, Aïché Nana (1936 - 2014) realizó un streptease en el restaurante Rugantino, del Trastévere, al término de la celebración del cumpleaños de la aristócrata, periodista y escritora Olghina di Robilant. Esta escena la recrearía Ekberg en la escena para la película “La dolce vita”. Las fotos fueron publicadas en L'Espresso. Fellini se inspiró en este acontecimiento y en las historias que le contaba Secchiaroli, que aparece en la película en forma del personaje Paparazzo.

Después de esta película, la fama de Fellini va en aumento y su talento es cada vez más apreciado, entonces en respuesta al prestigio que se gana con los espectadores y la crítica, en 1963 entrega otra obra de arte, que para muchos críticos cinematográficos es una de las mejores películas en la historia cinematográfica mundial: Otto e mezzo, con Marcello Mastroianni, Claudia Cardinale y Anouk Aimée como actores principales, y en donde el tema principal de la película es la crisis creativa de un afamado artista y el consecuente confrontamiento con las expectativas de productores periodistas y amigos, que urgen otro genial trabajo. Pero a su vez también se enfoca en la crisis existencial de un hombre que para soportar el peso de la vida se refugia en los recuerdos y las fantasías oníricas, en donde finalmente Guido Anselmi (Mastoriani) encuentra la inspiración para su nueva película. Empieza a recordar los principales acontecimientos de su vida, y a las mujeres de las que ha estado enamorado y que ha perdido. Alrededor del personaje central se van entretejiendo varias historias con los habituales personajes fellinianos concentradas en el balneario.

La película consiguió un gran éxito internacional y obtuvo el Óscar a la mejor película extranjera. El hecho de ser una película autobiográfica fue reconocido y negado, según el humor de que estuviera el propio Fellini. La película suponía el número ocho y medio en su filmografía, porque ya había rodado anteriormente siete películas, "y media", considerando sus colaboraciones en las de creación colectiva con otros renombrados directores: L'amore in città (1953), en la que el episodio dirigido por Fellini se titula “Agencia matrimonial” (Agenzia matrimoniale), y “Boccaccio 70” (1962), en la que Fellini aporta el episodio titulado Las tentaciones del doctor Antonio.

Describir una por una las películas de Fellini sería una labor de un sinnúmero de engorrosas páginas, por lo cual se tiene que tomar una decisión de las más emblemáticas o que más se recuerdan de manera personal, y por lo tanto sólo dejo estas películas como referencia de la grandeza del director. Pero no podemos omitir otras que reforzaron su prestigio, como: Le notti di Cabiria (“Las noches de Cabiria”) de 1957, Giulietta degli spiriti (“Giulietta de los espíritus/Julieta de los espíritus”) de 1965, Satyricon de 1969, Amarcord de 1973, Casanova de 1976, y Prova d'orchestra (Ensayo de orquesta) de 1979.

Por supuesto que Fellini es uno de los directores más reconocidos por los que gustamos del buen cine (conocido hoy como “cine de autor”), y aunque su genio es indudable, vale la pena quitarle algunas etiquetas snobistas para que más gente se acerque y disfrute de su deliciosa producción cinematográfica.

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