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Ciudad de México Año VIII Número LXXXVIII Febrero 2020

 

Editorial

Febrero ha sido considerado desde hace muchas décadas el mes del amor, al cual se le agregó después la amistad, separando estrictamente uno y otra, haciendo añicos la idea antigua de que amor y amistad eran lo mismo. Se dice “sólo podemos ser amigos”, que a oídos de otro tiempo sonaría a “sólo podemos ser amantes”.

Trovadores y caballeros cantaban y luchaban por las sus amigas, para ser dignos del amor de éstas. Sin embargo, los comerciantes, que en un principio sólo saqueaban a los enamorados, decidieron engrandecer sus ganancias incluyendo a los “relegados”, a los “dejados a un lado”, para que no se sintieran mal de ser “solamente amigos”. Regalos para todos, aunque por supuesto lo más caro para “el amado” o “la amada”, y lo de menor costo para “el amigo” o “la amiga”.

Los clientes se sienten felices y privilegiados de que queden muy claros los límites entre amor y amistad. Y el precio del regalo expresa que no puede haber malentendidos, así que “el amigo” o “la amiga” recibirán un pañuelo o unos calcetines, y “el amado” o “la amada” un costoso reloj. Y si algún “amigo” o “amiga” se atreve a cruzar la barrera regalándole algo caro al o a la que le gustaría considerar su “amado” o “amada”, es bajo su responsabilidad, que de todos modos carece de valor para quien no “lo ama” o “la ama”. Así, el “sólo te quiero como amigo” o “como amiga” es la mayor crueldad que se ha dado en las relaciones humanas.

Pero bueno, el negocio es el negocio, y el mercader no se opone a que “el amigo” o “la amiga” quieran comprar algo caro sin la menor esperanza de que se les considere “amado” o “amada”. Y a veces resulta que los que aman a alguien, no reciben nada de quienes supuestamente los aman también. Pero, dicen, el amor lo soporta todo.

El caso es que, una vez más, estamos en febrero, inermes ante otra ola Kitsch de tonterías y ambigüedades del presunto “Día del Amor y la Amistad”, y mejor hagamos de cuenta que no existe, ni existió jamás. Para quien no recibe nada, le es indiferente la celebración, y los comerciantes no nos tienen considerados a los que no somos amados ni queridos. Según su parecer, merecemos ser repudiados y aborrecidos, expulsados para siempre del paraíso de las cajas de bombones y chocolates, de las comidas en Sanborns, de las tarjetas adquiridas en El Puerto de Liverpool o El Palacio de Hierro. Nos lo merecemos, y muy bien podríamos inventar un “Día del Desamor y la Enemistad”, para no sentirnos fuera del mundo. Sin embargo, la verdad, no nos preocupa.

Loki Petersen

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