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Ciudad de México Año VIII Número LXXXVIII Febrero 2020

 

El Gabinete del doctor Caligari
Tinta Rápida

El expresionismo alemán es un movimiento artístico que le dio una presencia muy importante a Alemania previa y posterior a la Primera Guerra Mundial, no entraré a detallar mucho de este movimiento ya que Luciano Pérez se hará cargo de este tema, aunque centrándose en el área literaria. Lo cierto es que el cine fue el último en sumarse al movimiento ya que la industria fílmica alemana no tenía un gran auge, y fue hasta el fin de la guerra cuando hace su aparición de forma definitiva y encarnando a la perfección los principios de esta corriente.

En 1917 se forma la Universum Film Aktiengesellshaft (UFA), puesto que el alto mando alemán (el general Ludendorff) se percata de la gran influencia que estaba teniendo el cine a nivel mundial, y como ese influjo traía a su vez algunos tintes anti germanistas, decide entonces promover un cine con una clara intención de propaganda nacionalista. Pero para 1918, luego de la derrota alemana, el Reich renuncia a la participación en la UFA y la mayoría de las acciones son adquiridas por el Deustche Bank, quedando por tanto en manos privadas, lo que cambiaría los fines propagandísticos por los meramente comerciales. Y aunque de inmediato se comenzó a producir cine con alto contenido sexual (dicen los que las han visto que son casi pornográficas) que el pueblo alemán consumía de manera frenética, pero también había otras con ideas pseudo históricas en las que ridiculizaban a otros países como Francia o Inglaterra. Pero de la mano del expresionismo, la industria fílmica germana tomaría un giro hacia el llamado “Cine de Arte”, hoy llamado “Cine de Autor” o para mayor referencia “Películas de Culto”. Lo cierto es que el cine y el expresionismo alemán se llevaron bien desde el principio e hicieron un excelente maridaje.

Fue en 1920, hace cien años, que se estrenó un filme que a la postre representaría una auténtica película de culto. “El gabinete del doctor Caligari” (Das cabinet des dr. Caligari) dirigida por Robert Wiene, y escrita por Hans Janowitz y Carl Mayer. Es tal vez la primera película de terror filmada, además de ser una de las precursoras del Cine Expresionista. Y pese a que el cine se suma de forma tardía al movimiento expresionista, resulta un exponente indispensable, ya que entonces el audio era un trabajo independiente al video, y era usado solo como música incidental, por lo cual era necesario enriquecer la expresión de la interpretación de los actores (una de las bases fundamentales del movimiento expresionista), así como el maquillaje y la riqueza formal de la escenografía y locaciones. Y en efecto la escenografía resulta muy importante para el propósito de la película, ya que es oscura y retorcida como la trama: presenta formas puntiagudas, líneas oblicuas y curvas, estructuras y ambientes que se inclinan y giran en ángulos inusuales, así como sombras y rayas de luz pintadas directamente en los sets, una función meramente dramática y psicológica, y no decorativa, lo cual le da un tono de onirismo e insania con que se desea presentar el filme.

El guíón está inspirado en una serie de crímenes que tuvieron lugar en Hamburgo, Alemania. La idea de Hans Janowitz y Carl Mayer era denunciar la actuación del Estado alemán durante la guerra. De acuerdo a su visión de las cosas, el doctor Caligari inducía a un sonámbulo a cometer asesinatos del mismo modo en que el Estado alemán inducía a un pueblo dormido a perpetrar crímenes. Sin embargo esta idea no queda clara, puesto que Wiene decide agregar un prólogo y un epílogo que cambian el sentido original de la historia.

El doctor Caligari y su fiel sonámbulo, Cesare, están vinculados con una serie de asesinatos en un pueblo de montaña alemán de nombre Holstenwall. En la película hay un narrador, quien junto con Francis y Alan, visitan una feria en el pueblo mencionado, en donde ven al dr. Caligari presentando a Cesare como una atracción. Caligari presume de que Cesare puede contestar cualquier pregunta, es entonces que Alan le cuestiona sobre el tiempo que le queda de vida, a lo que el sonámbulo le responde que morirá antes del amanecer del día siguiente. La sorpresa es que en efecto esta profecía se cumple.
Francis junto con su novia Jane, investigan al doctor y su sonámbulo, lo que resulta en el secuestro de Jane por parte de Cesare. Caligari le ordena matarla, pero el esclavo hipnotizado se niega después de que la belleza de Jane lo cautiva. Entonces lleva a la bella dama fuera de su casa, y los pobladores se enfrascan en una larga persecución. Durante esa cacería Cesare sufre una caída mortal y los persecutores descubren que Caligari ha creado un muñeco de Cesare para distraer a Francis.

Francis descubre que Caligari es en realidad el director del hospital psiquiátrico de aquella población, y que está obsesionado con la historia de un monje llamado Caligari, quien en 1703 en el norte de Italia usó a un sonámbulo para asesinar personas. Después de las indagaciones el propio doctor revela su manía y es encerrado en el manicomio que dirige.

Una vuelta de tuerca revela que el flashback de Francis es realmente su fantasía, y tanto él como Jane y Cesare son pacientes del asilo psiquiátrico y el hombre que dice es Caligari es su médico quien dice que no será capaz de curarlo, después de esta revelación de la fuente del delirio del paciente.

Y no obstante tratarse de una película que es referente del cine de terror, nunca podré dejar de mencionar, a manera de anécdota desafortunada, la experiencia que tuve en una proyección de esta película que se dio, allá por los años ochenta, en la Casa de la Juventud en la colonia San Rafael, en donde una mayoría del público (compuesto casi por completo por jóvenes, y para más detalle ignorantes) de pronto comenzaron a reír cada que aparecía en pantalla el personaje de Cesare (interpretado por Conrad Veidt, quien treinta años después apareció como el oficial alemán que sale en la película “Casablanca”) . Por supuesto que me quedó una sensación de molestia al saber que posiblemente ni entendieron el argumento de la película y sólo se dejaron llevar por la forma en que caminaba el sonámbulo (tal vez pensando que era una especie de “Charlot”). No sé si aquellos jóvenes creían que todas las películas mudas eran cómicas como las de Chaplin o Buster Keaton, o simplemente ante una incomprensión de la obra no hallaron más que reír.

Lo cierto es que “El gabinete del doctor Caligari” resulta por demás importante ya que por una lado le abre las puertas a una producción cinematográfica de verdadero valor artístico, que era casi inexistente en Aemania, y por otra parte se pueden encontrar en ellas los modelos temáticos y estéticos que guiarán el camino del expresionismo para las siguientes producciones. De hecho los críticos franceses acuñaron la palabra “caligarismos” para designar estas características de las películas alemanas de este movimiento artístico que marca su final en el cine con Fausto de F.W. Murnau y Metrópolis de Fritz Lang, los cuales se presentan como los últimos exponentes del expresionismo. De hecho esta corriente se extingue hacia 1926, justo cuando Alemania se encuentra afianzada en una breve etapa de estabilidad, dejando de un lado el sentimiento alemán de desesperanza, angustia y miedo, y ya no es posible seguir alimentando lo que Lotte H. Eisner definió como “la doctrina apocalíptica del expresionismo”.

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