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Ciudad de México Año VIII Número LXXXVIII Febrero 2020

 

Otras más prosas
Luciano Pérez

1.- Así habló Bacchus
Al parecer estaba Ariadna sola, abandonada en una isla. Pero no fue así, sino que su marido el músico había ido a firmar algún contrato. Esta ausencia la aprovechó Bacchus, quien se presentó como un super-humano, como alguien un poco, o un mucho, más allá de lo bueno y de lo malo.

Cósima Wagner no lo recibió muy bien, al verlo tan fuera de su papel de miope escrutador de lo griego.
— Hey, profesor, se ve usted enfermo.
— Nunca estuve más sano.
— Pero los anteojos…
— Son para veros más suprema que nunca…
— No entiendo eso.
— Que vengo a rescataros de vuestro dolor, y a llevaros conmigo hacia la India.
— Vamos, vamos, que Richard no tarda en volver.
— Teseo no volverá. Por eso vine, porque vuestras lágrimas me han llegado a lo más hondo, y por eso quiero salvaros ya.
— ¿Salvarme? No necesito salvación. Vivir con Wagner es lo mejor que me ha ocurrido nunca.
— No, Ariadna, no es lo mejor, porque Teseo prefirió hallar el Grial, en vez de exaltaros. Y lo halló donde no debía. Por eso me aparté de él.
— Profesor, mi marido lo aprecia mucho a usted, y yo también, pero me desconcierta esa manera de usted de querer ser otro, de querer ser…
— ¡Bacchus! ¡Soy Bacchus! Y vengo a salvarte de Apolo, a ti que eres mi Ariadna eterna, con quien llegaré a la India, lejos de los alemanes.
Pero Ariadna se había dormido, la isla no existía más, y el dios del éxtasis estaba en el suelo junto a un caballo, sollozando por éste, porque la compasión se apoderó de él, el último pecado de los que ya no son ellos mismos.

2.- Loki elocuente
Es que soy Loki, y travieso atravieso paredes y puertas para hacerme réplica del mal, que siempre termina siendo el bien. Es decir, que lo bueno es lo malo, y nadie se perturbe si me ven haciendo añicos la natividad del niño vara de hierro. Él me amenaza, pero no me preocupo, y voy a Patmos a comer pescado y cebollas con el loco Juan. Me dice éste que odia a los romanos, pero no sabe, o más bien no vio en sus delirios, que al Papa se le da lo que es del César. Y lo que es de Dios se va al estercolero.

Soy Loki, diestro en obras perversas. Aunque también soy Momus, demonio de la risa. Retórico payaseo, y se asombran de mis palabras que ni siquiera los ciegos atinan a interpretar. Que quien no ve, oye y tartamudea, inseguro él ante mis insolencias. Y Momus siempre supo que la Ilíada tenía razón, por eso finge comer langostas con miel, cual el otro Juan, el decapitado por petición expresa de Salomé: “ich will den Kopf des Jochanaan!”

En Turín abrazo al caballo, en Venecia persigo a las hermanas de Tadzio, en Génova encuentro a Columbus y le pregunto por Villa, en Pisa subo a la torre y le digo al mariscal alemán: “¡Aquí hay linces!” Porque en algún lugar de Italia está la puerta al Averno, el sitio donde pierden la esperanza los que tienen fe. Mas yo no tengo caridad, soy Loki, pero también Satanás, el otro principio de la divinidad, un dios de confusión. Sin mí, nada de lo que no ha sido deja de ser. Porque en el inicio fue la oscuridad, y entonces pudo darse aquí la acción.

Y si a Coacalco voy, acudiré al salón de Miss Betty, para que sus alumnos me vean actuar con otra de mis máscaras. Que varias personas hay en mí, y la profesora quiere que represente a… Priapus. Está bien, pero ahora prefiero asumirme como Bacchus en el camino de Alejandro Magno hacia la India. “Tú serás mi Ariadna”, le digo a Miss Betty, y ella acepta la corona, y entre maullidos y rugidos escenificamos la llegada a Bangla Desh para el concierto. Les canto “All Glories to Sri Krishna”, y luego con mi sitar les endulzo los oídos con mirra y amomo, tocando acordes de madera escandinava, pues sigo siendo Loki, aun si hundo mis calzas de juglar demente en el Indo.

3.- Soy el carpintero
La morsa era el tipo malo, de eso no cabe la menor duda, y Lennon se arrepintió de haberse vestido como tal, siendo que debió haber cantado: “Soy el carpintero”. Porque éste con sus herramientas crea cosas que la morsa jamás podría hacer, pues sólo se ocupa de sentarse en un jardín inglés en espera del sol. Pero la lluvia inglesa llega y todo lo cubre y todos corren, y cae como lágrimas que la morsa lloró, y el carpintero también, y por eso Alicia quedó inundada, junto con el Dodó y los otros ganadores de la carrera.

La carpintería es un oficio loable, aunque muchos escritores lo hayan rechazado, a pesar de que su maestro les dijo que no eran aptos para escribir y que había muchas plazas para carpintero. Sin embargo, crear mesas, sillas, camas, es como pergeñar poemas y novelas: exige destreza, paciencia y fuerza, como todo hombre huevo sabe. El carpintero es un poeta, aunque la morsa canta y con sus bigotes y colmillos trae negruras que son insondables para quienes no saben volar como lo hace Lucía en el cielo.
“Soy el carpintero”, quiso decir Lennon, pero ya era demasiado tarde, y todos nos metimos en trajes negros de morsa para andar por las calles para decir incoherencias: “Yo soy él, como tú eres él, como tú eres yo…” Como morsa canté canciones contra Santa Claus, contra Cristo, contra Buda. No lo habría hecho de haber sido tipo bueno, y por lo tanto Lennon en realidad nunca se equivocó.

4.- Lorraine
Una y otra vez intento hablar de ti y nada me resulta. Cuando te fuiste hubo diablos negros pintados en las entrañas de las vírgenes. Ningún ora pro nobis pudo evitar que el Ave de la lamia te erigiese un monumento en el país de los midgets asirios. Cuando te fuiste los petreles se ayuntaron con las marsopas, así que las fisuras en el mármol aparecieron apócrifas, y los quejidos de Laocoonte apenas y a veces te alcanzaron.

Cuando te fuiste los rebaños se dijeron desamparados y corrieron a precipitarse en la selva para ser devorados. Entonces los pastores, compungidos, apelaron a Pales para que tú fueses la que ahora del cielo baje para apacentar a los erizos. Y pediste ser atada como Andrómeda no para que Perseo te rescatase, lo cual no querías, sino para que el monstruo te buscase y te bucease a fondo. Eso quise decir de ti, y si no resultó tampoco, lo no dicho dice tanto como lo dicho. Amén.

5.- Dioses
Dios es Sauron, y con su ojo extingue el camino de los felices. Y Dios es también Ilúvatar, ante quien los enanos realizan piruetas a manera de ofrendas. Dios es Mani, que partió a San Agustín en dos ciudades.

Y Dios es también Tifón, que los gigantes y los titanes han de ser libres. Dios es Priapus para quien ama la grandeza. Y Dios es también Giger, con su evangelio según Alien. Dios es Samsa, a quien sus padres crearon insecto.

Y Dios es también el grajo praguense en cuyo emblema aparece el apellido KAVKA. Dios es Juan que sin cabeza fue besado por Salomé. Y Dios es también Ciro siendo magno con Babilonia y Jerusalén. Dios es Wagner, nuestro padre muerto en Venecia.

Y Dios es también Nietzsche, sólo loco y sólo poeta en el origen de la comedia. Dios es Milton, el ciego de los jardines que se pierden y se recobran. Y Dios es también Goethe, cuyo cráneo es loado en las logias del mundo. Dios es Góngora, y es también Sor Juana, su profetisa délfica.

6.- Última musa
Última musa en mi último tiempo, en los últimos tiempos de la humanitas. Última y blonda y tepiteña, hoy guarda las cajas de navidad, hoy fuma, y hoy hace relación de las ganancias. Con los Reyes se vendió mucho para los chamacos.

Última ella y último yo, que no me decido a irme sin antes ver, siquiera por última vez, a quien me susurra palabras y más palabras y me exige la entonación perfecta, el acento eficaz, y la contundencia pertinente. Es lo que hacen ellas, las que, piérides, nos indican a los artistas hacia dónde y hacia cómo, mientras guardan cajas de navidad, fuman y hacen cuentas.

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