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Ciudad de México Año VIII Número LXXXIX Marzo 2020

 

Grecia
Friedrich Hölderlin

Estaríamos bajo la sombra de los plátanos
donde a través de las flores el río Iliso corría
donde los jóvenes aspiraban a la gloria
donde Sócrates ganaba los corazones
donde Aspasia pasaba entre los mirtos
donde el grito de alegría fraternal
sonaba en el ruido del ágora
donde mi Platón creaba paraísos;
donde cantos festivos ensalzaban la primavera
donde irrumpían las corrientes del entusiasmo
en la santa montaña de Minerva
como un homenaje a la protectora,
donde en mil dulces horas de poesía
como en sueño divino la vejez desaparece.

¡Ahí tú estarías, amigo,
ahí te encontraría en aquellos años!
¡Nos habríamos dado un abrazo!
Me contarías acerca de los héroes de Maratón,
y el más bello de los entusiasmos
reiría borracho en tus ojos
tu pecho rejuvenecido con la victoria
y tu cabeza coronada de laurel
sin sentir el peso triste de la vida
la cual poco nos refresca con algún soplo de alegría.
¿Está oculta la estrella del amor?
¿Y la juventud de rosácea luz?
Ah, al bailar las doradas horas de la Hélade
no sentiste la huida de los años.
Eternos como la flama vestal
relucieron el valor y el amor en cada pecho,
con el fruto de las Hespérides siempre
florecieron en el dulce goce juvenil.

De esos años dorados
te hubiera dado el destino una parte;
aquellos atenienses fueron encantadores,
dignos de tus fervientes cantos;
apoyado en las alegres cuerdas de tu lira
con el dulce vino de las uvas de Quíos
habría descansado tu ímpetu
del tumulto que agita el ágora.
¡Ah, y en aquellos los mejores días
no sería en vano que tu grande y fraternal corazón
luchase por un amado pueblo
por el que derramamos lágrimas de gratitud!
¡Sé fuerte ahora, que ya viene la hora
en que a tu alma divina llegará el polvo!
¡Muere! En vano buscas, ¡espíritu noble!
tu elemento por toda la tierra.
¡Ática, la grande, cayó!

Donde los viejos hijos de los dioses yacen
en la ruina de salas de mármol destruidas
el eterno silencio de la muerte medita.
Sonriente la primavera llega,
pero no encuentra a sus hermanos
en el valle sagrado del Iliso
donde sólo hay un inmenso desierto.
Deseo ir hacia el viejo país
ir con Alceo y Anacreonte
¡para yacer en estrecha y querida tumba
junto a los santos de Maratón!
¡Ah, sea ésta la última de mis lágrimas
que corre por la sagrada Grecia!
¡Oh, parcas, usen ya sus tijeras
porque mi corazón les pertenece a los muertos!

(Traducción de Luciano Pérez. Estamos conmemorando el 250 centenario del nacimiento de Hölderlin, el más grande poeta de Alemania, nacido el 20 de marzo de 1770. Para más datos sobre él, véase el número 68 de Ave Lamia, junio de 2018).

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