Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VIII Número LXXXIX Marzo 2020

 

El noviazgo ideal


Leticia Vázquez


I

Invierno

“Él no se inmuta con mis ideas locas, bizarras. No cabe duda de que el nuestro es el noviazgo ideal. Estoy contenta, una semana de relación y siento que somos el uno para el otro”.

Verano

Magnífica idea, lo invitaré de vacaciones a mi lugar favorito en la Sierra. Iremos en otoño para disfrutar más el microambiente.
Casi doce horas de viaje. Llegamos en la tarde, casi para la cena. Aún el hervor del día que acababa se sentía en el cuerpo.
- Mira este lugar tan hermoso. ¿No se te antoja matar a alguien?
- Sí -, contestó. Y nos soltamos riendo.
- A mí también -, y nos volvimos a reír.
Después me miró fijamente muy serio. Sabía lo que eso significaba: correr rápido para que él me atrapara, así jugábamos.
Me atrapó, nos cansamos y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente hicimos muchas cosas. Y por la tarde le dije lo que nos trajo a este lugar, al huerto entre naranjos y limones, piedras y nidos de cascabel.
- ¿Te gustaría ir a caminar por entre los árboles?
- Vamos a donde quieras.
¿Quién no se iba a enamorar de un hombre así? Y fue como llegamos a este lado del terreno.
¿Cómo le pediré lo siguiente? ¿Por qué es tan difícil ahora pedirle lo que tanto he querido como mujer? ¿Irá a acceder? Total, de decirme “No” no pasa. Aparte, siempre ha accedido a todo lo que pido y ha dicho que me ama. ¿Qué puede pasar?
- Héctor, yo…quisiera pedirte una cosa muy especial.
- Claro, pídeme lo que quieras. Eres mi Cleopatra.
- Oh, Héctor, mira, vas a atacarme como si fueras un asesino serial. Vamos a empezar como que me golpeas. Y así yo sabré cómo escribirlo en mi historia.
Él sonríe y asienta con un gesto amable.
- Ahora.
Salgo corriendo lo más rápido que puedo, me da tiempo. Diez segundos después siento y escucho sus zancadas detrás de mí. Se acerca cada vez más, siento su impulso, siento la adrenalina, la emoción.
Me atrapa, me empuja al suelo con fuerza. Grito y se avienta encima de mí. Me golpea con una piedra. Eso fue fuerte. Otro golpe. En eso no quedamos.
- Héctor, ¿ qué..?
Otro golpe. Voy a desmayar. ¿Qué será de mí? Estoy en buenas manos.

II

La atrapé y la empujé al suelo. La golpeé con una piedra tres veces, fue cuando quedó inconsciente.
Lo recuerdo como si fuera ayer. Llegó a mi consultorio del IMSS porque la canalizaron por TOC, ansiedad, depresión, paroxismo y alucinaciones. Dijo que el médico general no la había comprendido y se había asustado por su crisis, pero reiteró que ella estaba bien de sus facultades mentales.
“Eso dicen todos”, pensé, mientras no quitaba la vista de sus párpados, sus labios carmín y de sus dientes, de su esmalte, de su boca… de sus dientes…morder sus dientes.

- Mire, le voy a contar.
Y empezó a hablar. Algo tenía que me cautivó. Dijo que era escritora experimental, pero me llamó la atención cuando dijo algo de crímenes y asesinos.
- Doctor, no piense mal de mí, es solo ficción.
- Claro que no, yo sé, es su trabajo.
- ¿Le gustaría leer mis cuentos? Es más, le pago consulta y usted sólo lee. ¿Tiene consultorio privado?
- Sí, claro - contesté. Y ella empezó a reírse.
- Disculpe, doctor, es que tengo mucha imaginación.
- ¿Y de qué se ríe? Si se puede saber.
- No, olvídelo.
- Dígame, estamos en confianza.
- Es que usted parece osito cariñosito.
“Horrible”.
- Perdóneme, así veo a toda la gente, como animalito. Aparte usted dijo que estábamos en confianza. ¿Cree que le falté al respeto?
- No, para nada. Por lo que me contó, usted la ha pasado bastante mal, yo la entiendo.
- Mire, lo del paroxismo, las dizque alucinaciones, el TOC, etcétera, es pasajero. Estoy atendiéndome con una psicóloga que me ha ayudado. La seguiré viendo si usted me lo permite.
- Claro, pero siga viniendo conmigo.
- Está bien. ¿Y usted cree que yo me parezco a algún animalito?
- Sí -, contesté. Y vi la emoción en sus ojos.
- ¿A cuál?
- A un pichón, un canario…un ruiseñor. Sí, un ruiseñor. Y también parece ardilla. Y foca. Y ratón.
Se rió y yo me reí con ella. La verdad estaba bien, sólo algo confundida, pero con unas sesiones estaría más pura y solvente y capaz. Reconozco a un enfermo mental, a un psicópata y a un desquiciado en cuanto lo veo, entre nosotros nos reconocemos.

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