Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VIII Número XCI Mayo 2020

 

Editorial mayo

Es mayo, y aún sin llegar a mitad de año, y apenas iniciando la década, ha quedado claro lo vulnerable que es el ser humano. Pero no lo digo por la pandemia que ha paralizado al mundo y por ende es el tema de moda. En realidad la mayor vulnerabilidad del ser humano está en la mente, pues un solo comentario puede desatar la histeria colectiva que ha hecho más daño que la propia enfermedad. Apenas se supo que en China estaba avanzando una extraña enfermedad de las vías respiratorias, y en todo el mundo ya se estaban viralizando las noticias alarmistas sobre el fin del mundo. Comenzaron a sembrar el terror en la población y el consumismo se desató.

Pienso que en alguna parte del mundo se les ocurrió crear la necesidad de comprar mucho papel de baño para estar a salvo, y en el resto del planeta la gente se dedicó a comprar una cantidad exagerada de este escatológico artículo. La regla la tienen muy bien aprendida: “siembra temor y cosecharás ventas”. Una de las técnicas de ventas es hacer soñar al comprador, que se vea con el producto que le vendes y que se motive a comprarlo, pero hay otra más agresiva y más efectiva, hacer tener pesadillas al cliente, y aquí el chiste es no decirle como estaría si compra, sino cómo estaría si no lo compra; este tipo de venta se da de preferencia en el negocio de seguros o productos financieros, pero aplica muy bien a cualquier mercancía cuando le agregas un ambiente catastrofista.

El empresario ni siquiera tiene que anunciar desabasto, le basta solo con sembrar un comentario que en apariencia resulte inocente, para que alguien lo traduzca a su lenguaje fatalista que tanto le gusta al vulgo, y entonces la labor estará hecha, una gran cantidad de clientes acudirán a comprar y comprar de manera desmedida (obvio que quien tiene dinero para hacerlo), hasta crear el desabasto al que tanto le temían. Y en esta época de pandemia, hemos visto desabasto de gel antibacterial, cubrebocas, cloro, y ese producto al que le crearon tanta fama como sanitizante.
Recordemos que la industria del agua embotellada se vio maximizada a raíz del terremoto de 1985 en la Ciudad de México, cuando la rotura de algunas tuberías hacía que el agua potable saliera sucia, pero una vez arreglado el asunto, la industria encaminó su estrategia a hacer pensar que el agua potable ya no lo era.

Antes de esto, tomábamos agua de los bebederos de la escuela que traía agua de la llave, y en casa, si se desconfiaba de ella se hervía o se le agregaba unas gotas de cloro, pero las embotelladoras vieron terreno fértil y no lo soltaron, haciendo de nuestro país el que más agua embotellada consume De nueva cuenta el terror infundido tuvo resultados comerciales inmejorables.

El colmo de la vulnerabilidad mental de la sociedad se dio cuando se anunció que por la crisis sanitaria, se cerraban las fábricas de cerveza por no ser prioritarias (misma que no se ha vendido como antes a falta de futbol y bares que también cerraron sus puertas), entonces las empresas cerveceras lograron levantar las ventas que andaban caídas, y en las tiendas y licorerías veías a gente salir con una gran cantidad de cartones de cerveza. Y la gente no pensó que podían cerrar las demás destilerías (lo cual sería lógico) sino que se enfocaron tan sólo en el producto que mencionaron, es decir, se centraron en donde los empresarios querían que se centraran.
Esta es la verdadera vulnerabilidad, hay desabasto de sentido común e inteligencia.

Tinta Rápida

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