Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VIII Número XCI Mayo 2020

 

Juana de Arco: heroína, hereje y Santa
José Luis Barrera

Una joven campesina de 17 años, hija de Jacques Dare e Isabel Romé, que había nacido en 1412 y que era habilidosa en el arte del hilado y la costura, pasó muy pronto a ser heroína, hereje y muchos años después santa. Una rebeldía basada en una fuerte devoción es lo que encaminó la vida de Juana de Arco a combatir en contra de los ingleses, pues desde los 13 años venía escuchando voces divinas (de San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita) que le conferían la misión de expulsarlos de Francia. No obstante que la familia ya le había elegido a un muchacho para que se casase con ella, al final se inclinó a hacer caso a las manifestaciones sacras y rebelarse contra la familia. Y fue esa fuerte fe la que ayudó a los franceses, en mayo de 1429, a levantar en cuatro días el sitio de Orleans, ciudad asediada durante más de seis meses, tal como lo había vaticinado su profecía.

La situación de Francia era complicada, puesto que mientras combatían contra la prolongada invasión inglesa, a la par acontecía una guerra civil entre dos facciones de la familia real: los borgoñones del noreste que apoyaban a Enrique VI de Inglaterra -que en 1425 se había coronado también rey de Francia en París- y los armañacs del sur que respaldaban al delfín Carlos de Valois, -quinto hijo de Carlos VI, que sostenía las prerrogativas dinásticas de su casa desde un tímido gobierno en Bourgues, sin dinero ni ejércitos-. Dividida, empobrecida, habiendo perdido territorio y con un ejército inadecuado y desmoralizado, lo que Francia necesitaba realmente era un "milagro" para salir del estancamiento en el que se encontraba.

Pero no era fácil que un ejército aceptara que una joven campesina; sin adiestramiento militar y ni siquiera instrucción básica, liderara sus embates contra las fuerzas invasoras. La joven, acompañada de su tío Laxart, de Burey, intenta comunicar su visión al delfín Carlos de Valois (título nobiliario que se usaba en Francia para designar a los príncipes herederos al trono que fuesen hijos legítimos del monarca reinante). El canciller George de La Tremoulle, así como otros cortesanos recomiendan a Carlos que no reciba a la joven, ya que temen que sea insana o bruja, pero el delfín aún indeciso prefiere alojar a Juana y el cortejo que la acompañaba en el castillo de Coudray para hacer tiempo y tomar una buena decisión. El propio Tremoulle urde una trampa: disfraza a Carlos de alabardero y coloca en su sitio a un sustituto, pero dice la leyenda que la joven reconoció de inmediato al soberano y se le hincó a sus pies, rogándole que le permitiera salvar a Francia. Helen Castor, historiadora y autora del libro Juana de Arco: una historia, dice que desde que Juana le comunicó su visión al delfín Carlos y hasta que fue enviada a Orleans pasaron dos meses.

Durante el primer mes, varios teólogos la examinaron para tratar de decidir si sus afirmaciones de que era una enviada de Dios eran ciertas” (verificando a su vez su virginidad), “Pero el segundo mes, mientras le preparaban su armadura, Juana recibió entrenamiento básico para aprender a montar un caballo de guerra y a portar armas”, aunque la autora nos aclara que “nunca luchó. En vez de un hacha o una espada, ella cargaba un estandarte”. Aunque narra la tradición que las voces divinas que la llevaron a los campos de batalla, también le hicieron saber de la existencia de una espada oculta detrás del altar de Santa Catalina en Fierbois, y esa misma leyenda dice que la espada perteneció a Carlomagno, lo cierto es que ella sólo la llevaba como símbolo de autoridad, ya que nunca la utilizó para combatir.

Juana fue por los pueblos a reunir pequeños grupos de hombres inspirándolos a luchar, brindando liderazgo moral, que era lo que en realidad necesitaba una Francia desordenada. La gente comenzó a creerle a la doncella, cuando la vieron actuar con tal vehemencia, y dice Helen Castor que “…quienes no estaban tan convencidos, pensaron simplemente que, en una situación como la que se encontraban, valía la pena probar”. Tal era la urgencia de Francia de tener un liderazgo que hiciera revertir la historia.

Un punto importante para que el delfín Carlos tomara la decisión de nombrarla General en Jefe de los Ejércitos, fue la llegada del Duque de Alençon, primo de Carlos y primer par del reino, quien había permanecido tres años prisionero de los ingleses, y abraza de inmediato la causa de Juana de Arco. Uno de los primeros en aceptar que la joven se pusiera al mando de los rudos guerreros armañacs fue el experimentado general La Hire, quien de inmediato organizó un campo de reclutamiento en Blois, acto que fue replicado por otros capitanes.

La clave estratégica de aquel momento era el sitio de Orleans, que ingleses y borgoñones mantenían desde hacía más de medio año. No se sabe a ciencia cierta si la decisión de romper aquel cerco fue tomada por Juana de Arco o por su estado mayor -que integraban La Hire, De Boussac, Jean de Metz, Florent dTlliers y Ponthon de Saintrailles, además del propio duque de Alençon-. El avance resulta exitoso, y el conde de Dunois (llamado “el bastardo de Orleans” por ser hijo natural del duque Luis I), encargado de la defensa, recibe efusivamente a Juana. La ciudad está rodeada por fortines o bastillas construidas por los ingleses como bases de su asedio. Es así que la doncella envía un mensaje al comandante invasor, lord Talbot, intimidándolo a rendirse en nombre de Dios y de Francia. La respuesta es una profética amenaza de quemarla en la hoguera si no vuelve de inmediato “a su natural ocupación de cuidar vacas”. Pero Juana de Arco no vacila y junto a Dunois encabeza una salida, mientras el pueblo enardecido grita por primera vez: “¡Paso a la Doncella de Orleans!”. La bastilla de Saint Loup se rinde tras tres horas de lucha, y al día siguiente llega el resto de las tropas con Alençon y La Hire. Atacan la isla de Saint Aignan y cruzan el Loira para tomar el fuerte de los Agustinos. Se dice que algunos adversarios huían aterrorizados, al ver a Juana de Arco y otros caían de rodillas a sus pies. Pero muchos debieron presentar batalla, pues la lucha fue encarnizada. El último bastión inglés es las Toureíles, y en el asalto la joven es herida por una saeta. Pese a ello, ruega a Aubry que la sostenga y arenga a sus hombres durante el combate final. Los sitiadores se baten en retirada, dejando numerosos muertos y heridos. En cuatro días se ha desmantelado un asedio que duraba ya casi siete meses y Orleans recibe clamorosa a su doncella.

Después de esta victoria, de manera popular se le conocerá como la Doncella de Orleans, pero el delfín Carlos la arma caballero y le otorga los apellidos D´arc du Lys (esta flor es el emblema de Francia), y ella no distrayendo su objetivo por los honores que le concede el futuro rey, se dispone a marchar hacia Reims -que es donde se guarda la Sainte Ampolle con cuyos óleos sagrados se ha ungido a los reyes de Francia desde Clodoveo-, aprovechando el desconcierto enemigo, y coronar al rey en la catedral. Y pese a que varios consejeros se oponen, deciden emprender la exitosa campaña de Loira, en la que logran rendir la fortaleza Jargeau, al mando del conde Suffolk, y toman las plazas de Meung y Baugency. Lord Talbot les hace frente en Patay, y debe replegarse derrotado, dejando el camino abierto para que el 17 de julio de 1429 llegue el delfín escoltado por Juana de Arco. Con gran entusiasmo popular y con la pompa militar que amerita el acto se corona Carlos VII.

Después de esto, la doncella y sus generales quieren marchar sobre París, motivados por sus victorias. La Tremoulle se opone, pues está negociando una tregua y Carlos VII no toma partido. En tanto que Juana es impulsada por el fervor del pueblo y el espíritu de las tropas y avanza por su cuenta hacia el norte y consigue que retrocedan los ingleses, hasta que el 26 de agosto los armañacs sientan campamento en Saint Denis, a las puertas de París. Pero el rey se toma dos semanas para llegar hasta allí, lo que permite al conde Bedford reorganizar sus fuerzas. El primer ataque a la puerta de Saint Honoré es rechazado, y la doncella es seriamente herida. Alençon toma el mando y se dispone a volver a atacar, pero Carlos VII se lo impide, porque finalmente ha llegado a un acuerdo de tregua, que lo obliga a retirarse al Loira. Apenas recuperada, Juana de Arco hace caso omiso de tal acuerdo y reúne soldados, licenciados y campesinos para emprender una campaña personal contra ingleses y borgoñones. Estos últimos amenazan la villa de Compiégne y la doncella acude en su auxilio con 600 jinetes. La derriban del caballo y cae prisionera el 20 de febrero de 1430.

Entonces aparece la abyección humana, ya que el duque de Borgoña, sabiendo lo valiosa que resulta la doncella para los ingleses, interesados en demostrar que las victorias armañacs habían sido a causa de brujería, la entrega a estos por diez mil libras de oro. En teoría, la joven no pasa a poder de los ingleses, sino a disposición del tribunal eclesiástico de Ruán, que ha de juzgarla por supuesta herejía. Pero se la encierra en una fortaleza, vigilada por soldados ingleses, cuando el procedimiento debería haber implicado recluirla bajo el cuidado de monjas en la prisión del arzobispado. El rey Carlos VII, por su parte no intercedió en favor de la doncella, y más aún, escribió una carta pública diciendo que Juana se había vuelto demasiado arrogante y había dejado de escuchar al rey, por eso había sido capturada y ya no contaba con el apoyo de Dios. El proceso público se inició el 24 de mayo de 1430 en la capilla de la propia fortaleza. Cauchon presidía el tribunal, asistido por el viceinquisidor Jean Lemaitre. Juana de Arco fue llevada con las calzas varoniles que utilizaba bajo la armadura y una capilla que le cubría los hombros y el pecho.

Es ahí donde comienza lo que el director de cine danés Carl Theodor Dreyer, narra en su magnífica obra muda de 1928, “La pasión de Juana de Arco”, la cual se ciñe a las actas originales del juicio, desarrollando una magnífica exposición de primeros planos y Renée Falconetti queda inscrita en la historia del cine como la primera gran interpretación de la Doncella de Orleans, y cabe mencionar que ya en 1916 Cecil B. De Mille, llevó a la pantalla un primer intento, “Joan the woman”, que pese a ser un largometraje espectacular, pierde valor por la escasa fidelidad a la historia real, ya que en realidad fue una producción concebida con fines propagandísticos en apoyo a la intervención de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. En 1962, Robert Besson aborda el mismo episodio del juicio y condena de Juana de Arco que había utilizado el propio Dreyer. Un trabajo sobrio y pausado, confeccionado con un grupo de actores no profesionales, que siendo una de las mejores aproximaciones de la Doncella de Orleans, no llega a alcanzar el magistral nivel de Dreyer y las comparaciones no se hacen esperar.

En 1948, llegó otra superproducción hollywoodense que traía a Ingrid Bergman como protagonista y Víctor Fleming como director. Esta conjunción hacía muy atractiva la versión cinematográfica. Pero la historia resultó demasiado edulcorada y muestra de ello fue que los dos premios Óscar que recibió fueron en categorías técnicas. Tal vez este mal resultado, y el interés que siempre tuvo Ingrid Bergman por interpretar a la heroína, es que hizo otro intento más afortunado en 1954, Giovanna d´Arco al rogo, de la mano del que entonces fuera su esposo, Roberto Rosellini, logrando una verdadera joya del cine. Esta es una puesta en escena con tintes surrealistas del oratorio escrito por el poeta francés Paul Claudel y musicalizada por el compositor Arthur Honegger, en donde la doncella hace balance de su vida y sus designios divinos auxiliada espiritualmente por un cura dominico.

Hay dos largometrajes que me recomendaron cuando asistía al Instituto Francés en América Latina (IFAL), y que por desgracia no he visto subtitulada al español: Juana de Arco I – Las Batallas y Juana de Arco II – Las prisiones de Jaques Rivette, con la actuación de Sandrine Bonnaire, una de mis favoritas. Cuanta crítica he leído ha sido favorable y sólo espero el momento de poder verla, para lo que tendría que aprender francés, creo que valdría la pena.
Por último cabe mencionar el intento de Luc Bessón, quien aborda el tema con una Juana de Arco; interpretación muy afortunada de Mila Jovovich, con tintes histéricos, y aunque dicen que el Talón de Áquiles de la película es que el director no aclara si la santa está movida por Dios o por alucinaciones, en lo personal lo considero un acierto.
Ahora hemos de decir que en este año, se conmemoran los cien años de la canonización de Juana de Arco. La santa fue quemada en la hoguera el 30 de mayo de 1430 en la plaza del Mercado Viejo de Ruán, con la consigna inglesa de que no quedara nada, ninguna reliquia que pudiera ser rescatada y que pudiese inspirar un movimiento religioso en su nombre. Años más tarde, cuando han sido ya expulsados los ingleses, Carlos VII, quien nada hizo por salvarla, solicita su rehabilitación, que la iglesia otorga en 1456. En 1909 es beatificada y finalmente desde el 16 de mayo 1920 es la santa patrona de Francia.

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