Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VIII Número XCI Mayo 2020

 

Tres minificciones
De Violencias permitidas

Adán Echeverría

1. Cruces, cruces y solo algunos lloros
Tanto decir “esa es tu cruz, cárgala”, le tiene asqueado. Cada mañana Jorge da gracias por seguir vivo. Reza las fórmulas mágicas que le habían enseñado desde el seminario, y su fervor puede arrancarle lágrimas.

Lee la prensa mientras toma un rico y nutriente desayuno, para acabar con el café sin azúcar. Su fe le reafirma lo correcto del camino elegido. No. Él no había elegido el camino, se sabía un instrumento.
El párroco fue inteligente, piensa, la confesión es frente a frente con el sacerdote en una cabina de vidrio que no permite escapar los sonidos, las pláticas, la maraña de pecados, las culpas y las reprimendas.
Los días siempre son diferentes, a veces atroces, a veces peor; desde que se pone la estola sabe que su fe tendrá que mantenerse poderosa para poder escuchar. No somos sicólogos, y todo lo que te dicen, lo tienes que tragar solo. Nunca se estará preparado para esto, no hay forma.

Alguna niña no le contó a su madre que reprobó las materias. Alguien siempre le esculca los bolsillos a su esposo cuando está borracho, ¿es robo eso, padre? Aquella chica ha sido violada constantemente por su abuelo. El hermano de esa otra violó a una vecina con síndrome de Down y ella fue testigo. Ese niño odia a su madre, no soporta verla, ella se acuesta con cualquier tipo con tal de que le inviten un trago, tengo deseos de matarla. Me masturbé, padre. Él dice que por el ano es mejor, y solo así hemos hecho el amor, soy una virgen que lleva casada tres años. Tuve que robar, padre, mis jefes me tenían ahorcado con las deudas y sus malos tratos, no fue mucho, apenas para pagar colegiaturas y deudas. Me gusta mucho el esposo de mi hermana. Creo que, borracha, hice el amor con mi primo, despertamos desnudos, pero no recuerdo nada. Odio a mi anciana madre, quisiera que ya muriera, es un estorbo, siento que lo es, me desespera. Otra vez engañé a mi esposa. Me gusta mucho mi sobrina, me excito cuando la veo y no logro evitarlo, estoy seguro que ella se viste para mí, para que yo la vea, ni siquiera es mayor de edad. Quiero quemar la iglesia, padre, tengo miedo, el diablo es quien me habla por las noches, se mete a mi cuerpo, creo que soy la esposa del diablo, pero tengo que ser varón como quieren mis padres.

A las doce del día, despide a los que siguen en la fila, se quita la estola, lleno de reflexiones, y sube a la casa cural para tomar el almuerzo, mirar un poco la tele, esperar que la comida se enfríe, lavarse las manos, cambiarse los ornamentos, dar gracias por la comida, descorchar una botella de vino tinto, y trata de olvidarlo todo.

 

2. Y la trinidad de cinco
Tres dioses en un solo dios. Tres personas en un solo dios. Budas, cristos, krishnas. Mahomas, Luteros, Shiva. Y siempre se descubren más. Desde Chac mándanos la lluvia, hasta Santa Muerte ayúdame a sobrevivir. Los ideales han estado vigentes en cada ser humano, alentando el temor, y así es como Saulo se sentía.

Recorrer una y otra vez la penumbra, como si en esa oscuridad uno creyese encontrar vestigios de luz. No hay más luz que el brillo en sus ojos, y nadie acá habla de amores almendrados. No.

Saulo sabe que luego de secuestrar a esas jovencitas de secundaria, su voluntad y misticismo, su oración y ayuno no tendrían reparo en desbaratarle la cordura. Ellas cinco se habían encargado desde hacía meses de robarle la concentración en la búsqueda de la paz interior. Desde el parque, donde acostumbra meditar, al colegio de señoritas no hay más que una calle. Y Saulo estuvo atrapado siempre en los olores a orina limpia que corrían por los baños. Tantas mujeres y mi dios que no puede doblegarme.

Ya no ponen resistencia. Tres días de golpes, hambre y miedo han hecho efecto. Las vestirá con la ropa que él mismo confeccionó en la vetusta Singer que le heredara la abuela.
Al final, todo sacrificio es extraño para quien no se siente en armonía.

 

3. Dios es negro y Obama lo sabe
La negritud había alcanzado el pináculo. Por eso decidieron ir cambiando los tonos de piel de las esculturas. Entonces la enorme estatua de Lincoln, amaneció un día con la tez morena, y las facciones afroamericanas. Atrás quedaba aquel sombrero de copa, cediendo ante uno tipo hongo.

Pero cuando el fanatismo comenzó a permear en las religiones, en los templos, las viñetas de los libros de instrucción, los cuadros, vitrales, e imágenes, los latinos dijeron: esto ya raya en el colmo. Y comenzaron las batallas callejeras. La raza, los ese, los mexicanos pues, levantaron y escondieron todas las imágenes de la virgen morena, pensando que en cualquier momento comenzarían a aparecerle rasgos negroides en su rostro de morenita amada.

Pero los “hermanos”, los altaneros “bro”, allanaron los templos, con órdenes firmadas desde el Congreso, y la persecución de los latinos recrudeció. Los blancos preferían no meterse. Se quedaban encerrados en sus oficinas, abandonando los puestos de altos mandos, y bajando las escalas para ser nombrados minoría.

Los asiáticos eran llevados a campos de concentración (no otra vez, no por favor, this never end). Y toda raza que no fuera la raza negra era tachada de ridícula. Los libros que exaltaban la superioridad de la raza negra fueron creciendo en las bibliotecas, y escritores como Toni Morrison, fueron elevados a héroes nacionales, sacando de la educación formal a Withman, Salinger, Faulkner, Hemingway, Poe, Capote, y hasta Tennessee Williams entre muchos más.

Hubo quienes hablaron de reescribir la historia, pero no faltó quienes pensaran que era mejor hablar de una nueva Era, en la cual el Hombre de raza negra triunfaría al fin, dadas sus enormes capacidades para el arte musical, para ser los triunfadores en todos los deportes, por las fantásticas hazañas que debían ser consideradas eventos nacionales.
Los blancos fueron abandonando las ciudades y la negritud expandió sus raíces por toda la nación, intentando influir en los países vecinos del norte y sur. Fue en México donde estas ideas no crecieron. Y se planeó una nueva invasión.
Sin embargo hubo quienes dijeron, pero si el Sur, y esas fronteras están llenas de latinos, y viven pegados a México contaminando la mente y el espíritu de nuestra raza. Mandemos a todos los blancos a Canadá y a todos los latinos a los estados de la frontera con México. Y cuando al fin todo quedó, perfectamente dividido, el mundo alcanzó la paz.

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