Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VIII Número XCII Junio 2020

 

Aprendimos a quererte, Óscar Chávez

“Aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
de tu querida presencia…”

Carlos Puebla


José Luis Barrera

Desde el comienzo de mis rebeldías, empecé a escuchar tu voz como un aliciente para no declinar mis idealismos. Tus canciones eran el símbolo de los sueños que quería y creía que podría alcanzar. La canción de protesta se volvió un eco que resonaba muy fuerte en mi cabeza juvenil llena de una necia necesidad de cambio. Todos los que nos empeñamos en rebelarnos contra el status quo, aprendimos a quererte, querido Óscar.

Y te quisimos como “el Estilos” de los Caifanes; cantando “El pájaro y el chanate” en una funeraria retando a la propia muerte, o “Fuera del mundo” mientras cortejabas a la joven burguesa en una vecindad del centro de la Ciudad de México.

Y quisimos también la película que como tú mismo dijiste “se tuvo que filmar a salto de mata…”. Un referente para la juventud setentera, aunque yo la haya visto ya entrados los ochenta, para cuando yo ya había escuchado varias de tus canciones más rebeldes y por supuesto las más emblemáticas de tu repertorio.Te quisimos en mi casa, porque desde nuestros padres y hasta nosotros los hijos traspirábamos rebeldía, cada cual a su modo y a su forma.

Pero seguimos queriéndote aún fuera de la rebeldía, con tus boleros, huapangos, pasos dobles, o las parodias políticas. Te escuchábamos atentos cuando compramos tus discos, sólo unos cuantos, porque era difícil tener tu gran discografía completa, ya que cómo decía uno de tus amigos: “siempre tenías un proyecto en mente”.

Cuando alguno de tus discos llegaba a la casa, era tocado en esa mítica Telefunken que formaba parte del paisaje hogareño que tanto extrañamos. Pero hoy te hemos de extrañar junto con esa vieja consola y ese hogar que nunca volveremos a ver sino en la memoria. Ahora que te has ido, he comprobado que no fuimos pocos los que te quisimos. De pronto, un artista que no sonaba en la radio comercial, ni aparecía en la televisión, fue reproducido de manera masiva en el ciberespacio, que cubre el hueco dejado por aquellos añosos recuerdos.

Surgieron homenajes por todos lados (virtuales por supuesto), y las muestras de dolor por tu partida se extendieron por muchos lugares; hasta el programa “El tintero” de Radio U. de G. rompió su cuarentena para hacer un programa de tres horas en tu honor. Y todo esto fue, porque muchos de nosotros aprendimos a quererte, porque te hiciste entrañable pese a tu adusta presencia y tu lacónica personalidad. Eras y seguirás siendo el mayor representante de la Trova de nuestro país, aun cuando tu trabajo no se centró en ella, pero fuiste una presencia fundamental para las marchas y mítines estudiantiles, en donde fuiste entrando en el corazón del pueblo. Y fuiste pueblo, andando por todo México en búsqueda de la tradición musical mexicana, y dejaste un legado muy importante con todos tus proyectos que se adentraban en nuestra música tradicional.

Llegaste a cantarle a los españoles que sufrían la dictadura franquista, cantaste una muy buena selección de la “Trova yucateca” o huapangos, tan ricos en matices, le cantaste al “Che” y a la Revolución Cubana, a los héroes nacionales conocidos y desconocidos, a los políticos echándoles en cara su cínica costumbre de robar, y por supuesto a todo lo que nos hacía sentir el reverberar de las luchas sociales de todos los tiempos.

Mis recuerdos ahora me remontan a cuando trabajé y me envicié de cultura, que nuestro jefe nos repetía las historias que había vivido junto a su gran amigo, Óscar Chávez, y cuánto fue mi coraje cuando en una de esas frecuentes bohemias, decidieron todos (menos yo) acudir a bailar con ficheras al “San Luis”, en lugar de ir a seguirla en “El caifán”, ese lugar bohemio que llegaste a tener. Pero por supuesto en aquellas reuniones se llegaron a cantar muchas de las canciones que te hacían presente en esas noches de guitarra, cigarros y copas.

Aprendimos a quererte cuando te presentaste en el “Vive Latino”, hace un año, y la juventud se te entregó de una manera que nadie hubiera imaginado. Entendimos que ya habías traspasado las fronteras generacionales para seguir construyendo tu inmortalidad, de la que ahora gozas.

Llegaste hasta el final de tu camino por este mísero e injusto mundo y ahora perteneces a esa dimensión a la que llamamos recuerdo y de la que se antoja que nunca saldrás.
“Seguiremos adelante, como junto a ti seguimos”. Estas palabras de Carlos Puebla dedicadas al “Che” Guevara, ahora te las dedicamos nosotros a ti.
Hasta siempre, Óscar Chávez.

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