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Ciudad de México Año VIII Número XCII Junio 2020

 

El Juego del Siglo:
Alemania contra Italia en el Mundial de México 70
Loki Petersen

En 1970 se habían cumplido apenas dos años de que México había entrado a la modernidad. Un ingreso a la vez portentoso (la realización de los Juegos Olímpicos) y dramático (la cruenta represión contra los estudiantes). Y para confirmarle al país su estatus de moderno, el gobierno de la República aceptó que se celebrase en nuestro país uno de los eventos deportivos más importantes, ni más ni menos que el de la Copa Mundial de Futbol, una competición que estaba teniendo cada vez mayor proyección y fama, gracias sobre todo a las transmisiones por televisión, lo que le dio su carácter de universal al futbol soccer, que no ha perdido desde entonces. México 70 estaba ya listo para emocionarnos con las mejores selecciones y los mejores jugadores del mundo: Brasil, Alemania e Italia; Pelé, Beckenbauer y Luigi Riva.

La selección mexicana de futbol no era, por supuesto, una potencia, pero se esperaba de ella una buena actuación. Después de todo, se había impuesto ya en México como uno de los deportes preferidos, y desde los principios del siglo veinte ya se jugaba en Pachuca. Para 1970 el nivel de los clubes mexicanos era muy bueno, y luego de la sorprendente actuación de la selección en el Mundial de Chile 1962 era evidente que se podía llegar a un poco más, poniendo mucha dedicación y mayor esfuerzo.

El lustre (hoy ya ilustre) de los equipos Guadalajara, América, Atlas, Oro, Zacatepec, Necaxa, Toluca, Cruz Azul (todavía en Jaso, Hidalgo), y Universidad (aún no era conocido como Pumas y no fue necesario especificar de dónde era), fue suficiente para proporcionar excelentes jugadores, los cuales integraron una selección nacional que jugaría bajo los mejores auspicios por ser local, en el Mundial del 70.Y la verdad es que no hizo mal papel, a pesar de que en ese año no había aún la propaganda que vendría años después, auspiciada por cierta televisora, que hacía campeón a México sin haber demostrado todavía su valor en la cancha. No había necesidad de hacer esto porque, después de todo, los ojos del mundo no estaban puestos en el equipo mexicano, sino en esos tres de los que se esperaban grandes hazañas, los ya mencionados Brasil, Alemania e Italia, en ese orden. Inglaterra, aunque era campeón del mundo y también participaba, no llamaba la atención.

La razón por la que Ave Lamia está recordando todo esto es porque un domingo 17 de junio de 1970, en el Estadio Azteca, se celebró como semifinal el partido que al finalizar fue ya conocido como “El Juego del Siglo”. Alemania e Italia jugaron como pocas veces se ha visto, de modo que no resulta exagerado calificar al encuentro de homérico, de pindárico, porque en verdad lo fue, y para los que lo vieron en el estadio y para los que lo vimos por televisión, nunca hubo, ni habrá otra emoción igual.

Para esta semifinal el favorito era Alemania, pues todos queríamos una final de ésta con Brasil, para ver cómo se las ingeniaban Beckenbauer de un lado y Pelé del otro para llevar a sus respectivas selecciones hacia la victoria. Sin embargo, el futbol de los italianos, el llamado calcio, tenía tiempo que había adquirido un merecido prestigio en Europa, y la fama de equipos como el Internazionale de Milán y el Juventus de Turín era reconocida en todas partes. Alemania no la tendría fácil. Italia tampoco, pero tales eran los ingredientes que harían tan exquisita esta semifinal con sabor a final.

El árbitro del encuentro fue el peruano Arturo Yamasaki, cuyo trabajo fue reconocido desde entonces y se quedó a arbitrar en México. El Estadio Azteca reventaba de emoción. La selección mexicana había sido eliminada, pero eso no importaba dado que teníamos ante la vista a las mejores selecciones del mundo. Los himnos nacionales fueron tocados, y las siguientes fueron las alineaciones. Por Alemania (todavía Occidental): Maier; Vogts, Patzke, Schulz y Schnellinger; Beckenbauer, Overath, Grabowski y Uwe Seeler; Gerd Müller y Löhr. Su entrenador, Helmuth Schön. Italia: Albertos; Burgnich, Facchetti, Cera y Rosato; Bertini, Mazzola, De Sisti y Domenghini; Boningsena y Luigi Riva. El director técnico: Ferruccio Valcaregggi. La formación era 4-4-2, que ahora estaba de moda, mientras que en Mundial de Chile 1962 imperó el 4-2-4, y en el de Inglaterra 1966 el 4-4-3.

El partido inicio con pleno dominio italiano, de tal manera que para el minuto 8 ya habían anotado, con gol de Boningsena. Se lanzaron a buscar el segundo tanto, pero la defensiva organizada por Beckenbauer lo impidió; terminó el primer tiempo, y en el segundo Italia fue bajando la guardia, que aprovechó Alemania para buscar el empate. Todos los alemanes excepto el portero se fueron encima del marco italiano, y en el minuto 90 cayó el empate, logrado por un defensa germano que por lo general nunca anotaba goles al no ser esa su función: Schnellinger. El juego se fue a tiempos extras. Alemania ya había realizado sus dos cambios permitidos (Libuda por Patzke y Held por Löhr), y también Italia (Rivera por Rosato y Poletti por Mazzola). Sin embargo, Beckenbauer estaba muy lastimado del hombro, y normalmente no estaría en condiciones de salir a la cancha. Pero lo entablillaron, porque si no aparecía, su equipo tendría no sólo un hombre menos, sino que carecería de su mejor hombre, así estuviese herido. Ese ejemplo de Beckenbauer nos impresionó mucho a los adolescentes, y decidimos seguirlo en nuestra vida.

Todo empezó bien para los germanos, pues a los 94 minutos anotó Gerd Müller, y sentimos que teníamos el partido ya ganado. Pero no tardó Italia en empatar, cuatro minutos después, por vía de Burgnich. Y a los 104 los italianos volvieron a tener la ventaja, con gol del famoso Luigi Riva. Sin embargo, a los 110 los germanos empataron, con otro tanto de Müller. Empatados a tres, y nadie se rendía, era una lucha sin cuartel, prácticamente cuerpo a cuerpo. Nadie quería irse a penaltis, uno de los dos tenía que ganar a como diera lugar. Beckenbauer corría arriba, corría abajo, con su brazo vendado, que sin duda le incomodaba mucho y le restaba movilidad, pero hacía el gran esfuerzo. Al minuto de la mencionada anotación de Müller, Gianni Rivera puso a Italia arriba de nuevo, y los germanos volvieron a la carga, pero esta vez fue inútil, el cansancio estaba minándolos a ellos, y también a los italianos. Se acabó el juego con la victoria de Italia por 4 a 3, y ambos equipos estaban completamente exhaustos.

Fue triste ver la derrota alemana, pero en cuatro años más volveríamos a verlos, ahora en el Mundial de Alemania 1974, y esta vez Beckenbauer, Müller, Maier, Overath, Grabowski, se coronarían campeones. Los italianos fueron a la final contra Brasil, pero ya no eran los mismos, y no pudieron ganar la Copa del Mundo. Pero este juego ya no tuvo tanto interés, todos sabíamos que los brasileños ganarían; incluso si los alemanes hubieran pasado, aquéllos habrían ganado. Después de jugar el “Juego” o “Partido” del Siglo, ya no había más. Y nunca volvió a realizarse otro juego así. Se necesitaba el Homero, el Píndaro, que hubiera plasmado la epopeya en hexámetros heroicos y contundentes.

Para recordar lo sucedido, se colocó una placa conmemorativa en el Estadio Azteca, que a la letra dice: “El Estadio Azteca rinde homenaje a las selecciones de Italia (4) y Alemania (3), protagonistas en el Mundial de 1970 del Partido del Siglo. 17 de junio, 1970”. Quienes lo vivimos, quienes lo sufrimos, quienes lo disfrutamos, nunca podremos alejar de nuestra mente esos emotivos minutos que alemanes e italianos nos ofrecieron. Recordémoslos ahora y lo que reste de nuestra vida.

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